[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason.  Don Bruno – Cosas de Cordoba

 Don Bruno

El 6 de octubre de 1886 nació en Zaragoza Bruno Ibáñez Gálvez, más conocido como “Don Bruno”, una figura que quedaría marcada en la historia por su actuación durante los primeros meses de la Guerra Civil Española. Falleció el 20 de marzo de 1947, probablemente en Vizcaya, a consecuencia de una apoplejía.

Hijo de militar, recibió desde joven una शिक्षा marcada por la disciplina castrense, aunque la muerte de su padre cuando contaba apenas diez años condicionó su infancia. A los diecisiete ingresó en la Academia Militar de Toledo, iniciando una carrera que lo llevaría, tras completar su formación, al norte de Marruecos, en el contexto de las campañas coloniales. Poco después, en 1911, solicitó su ingreso en la Guardia Civil, decisión cuyos motivos no están del todo claros, pero que marcaría el rumbo de su trayectoria profesional.

Ese mismo año participó en la investigación de un triple asesinato en el ámbito rural, un suceso que tuvo notable repercusión en la época. Durante los años siguientes, su actividad estuvo vinculada principalmente a tareas de orden público, destacando su participación en la represión de conflictos sociales y huelgas obreras, especialmente en zonas como La Mancha o las cuencas mineras de Riotinto. Esta línea de actuación continuaría a lo largo de su carrera, consolidando su perfil como agente represor en contextos de conflictividad social.

En 1924 alcanzó notoriedad al detener a Honorio Sánchez Molina, implicado en el asalto al expreso de Andalucía, lo que le valió reconocimiento dentro del cuerpo. Sin embargo, durante los años de la Segunda República su trayectoria fue más discreta. Entre 1932 y 1933 solicitó el pase a situación de supernumerario, permaneciendo inactivo, posiblemente dedicado a la administración de bienes familiares en Villarrubia. No obstante, en 1933 regresó al servicio activo, siendo destinado a distintas plazas como Ciudad Real, Huesca, Málaga o Teruel.

El 29 de mayo de 1936 recibió orden del Ministerio de la Gobernación para su traslado a la comandancia de Córdoba. Este dato resulta relevante, ya que contradice la idea de que su presencia en la ciudad fuera fruto del azar.

Cuando estalló el levantamiento militar el 18 de julio de 1936, Ibáñez se encontraba alojado en el hotel España y Francia de la ciudad, a la espera de un nuevo destino. Su actitud inicial fue de cautela, permaneciendo a la expectativa sin incorporarse de inmediato a las autoridades sublevadas, pese a estar obligado a ello. Solo tras la amenaza de denuncia por parte de un compañero, Evaristo Peñalver Romo, se presentó ante los mandos militares.

El 28 de julio de 1936 fue nombrado jefe de la comandancia de Córdoba por el general Gonzalo Queipo de Llano, junto a Ciriaco Cascajo Ruiz. Poco después, el 22 de septiembre, asumió el cargo de jefe de Orden Público, sustituyendo a Luis Zurdo. Desde este puesto, y hasta el 5 de marzo de 1937, ejerció una represión sistemática que ha pasado a la historia local como el “Terror de Don Bruno”.

Nada más asumir el cargo, ordenó la detención inmediata de más de un centenar de personas, basándose en listas elaboradas por sectores afines al nuevo poder. Las ejecuciones se convirtieron en una práctica cotidiana, llevándose a cabo tanto en el cementerio como en las salidas de la ciudad. Jornaleros y trabajadores aparecían fusilados en caminos y campos, generando un clima de miedo generalizado. Se estima que durante este periodo murieron alrededor de 2.500 cordobeses.

Entre los episodios más significativos destaca el fusilamiento de un camarero del hotel donde se alojaba, presuntamente por haber escuchado un comentario crítico que Ibáñez había realizado meses antes sobre Francisco Franco. Este hecho refleja el carácter arbitrario y personalista de muchas de sus decisiones.

Su caída se produjo en parte por las tensiones con sectores acomodados de la ciudad, a quienes exigía importantes aportaciones económicas. Ante estas prácticas, representantes de la oligarquía cordobesa acudieron a Salamanca para informar directamente a Franco, quien ordenó su sustitución inmediata al conocer los abusos.

La salida de Córdoba fue discreta. Apenas unas pocas personas acudieron a despedirlo en la estación, entre ellas el sacerdote Alfonso Hidalgo Real, estrechamente vinculado a su entorno. A quienes lo acompañaron, Don Bruno les respondió con una frase que ha quedado como símbolo de su actuación: “No me corresponde a mí ningún mérito, pues me limitaba a firmar las listas que me ponían delante”.

Su figura permanece en la memoria histórica de Córdoba como uno de los principales responsables de la represión en la retaguardia durante la Guerra Civil, convertido en un símbolo del terror vivido en aquellos meses. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Bruno con Cascajo

De este hotel salió Bruno para mandar la comandancia de la Guardia Civil-

Fotografía de Cordobapedia

Bando a la entrega de libros.