[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Los emperadores romanos de la Bética. – Cosas de Cordoba

Los emperadores romanos de la Bética.

Busto de Trajano. Gliptoteca de Múnich.

Los emperadores de Hispania que gobernaron el mundo

Tres emperadores vinculados a la Bética —Trajano, Adriano y Marco Aurelio (este último, aunque nacido en Roma, de ascendencia hispana)— forjaron una dinastía excepcional que llevó al Imperio romano a una de sus etapas más gloriosas. Aquellos hombres nacidos o enraizados en el sur de Hispania transformaron su provincia natal en el semillero del poder imperial, proyectando desde allí una visión de gobierno refinada, humanista y eficiente.

La Bética, una de las regiones más romanizadas del Imperio, ofrecía a Roma no solo aceite, vino y soldados, sino también estadistas. Fue así como Hispania dejó de ser una simple provincia conquistada para convertirse en madre de emperadores. Y estos, en lugar de apartarse de su origen, lo incorporaron con orgullo a su legado.

El periodo que inauguraron es conocido como el de los Antoninos, y sus cinco primeros miembros —Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio— son reconocidos como los “Cinco Buenos Emperadores”, según la célebre clasificación de Maquiavelo. Su época fue descrita por los historiadores como “la más feliz de la historia de la humanidad”.

Entre ellos, destaca Trajano, nacido en Itálica (actual Santiponce, Sevilla), primer emperador no itálico de Roma, símbolo de la apertura imperial hacia las provincias. Su ascenso marcó un antes y un después: Roma ya no solo era gobernada desde Italia, sino desde los márgenes hispanos del Imperio. Le sucedió Adriano, también de Itálica, figura culta, viajera y profundamente admiradora de la herencia griega, que consolidó las fronteras y apostó por el diálogo entre culturas.

Marco Aurelio, aunque nacido en Roma, era descendiente de colonos hispanos establecidos en el sur peninsular, y heredó no sólo la sangre, sino también la visión estoica, reflexiva y serena que marcaría su reinado.

El azar, o más bien la falta de descendencia directa entre estos emperadores, permitió un fenómeno político insólito: la sucesión por mérito. Nerva adoptó a Trajano, Trajano a Adriano, Adriano a Antonino Pío, y este a Marco Aurelio. Una línea de gobierno basada en la virtud y la capacidad, no en la sangre. Solo Marco Aurelio rompería esa tradición, al nombrar sucesor a su hijo Cómodo, cuya incompetencia y despotismo marcarían el fin de este siglo de oro. A pesar de este final turbio, no puede negarse la grandeza de aquella etapa: el Imperio alcanzó una estabilidad sin precedentes, florecieron la arquitectura, el derecho, la administración y las infraestructuras, y Roma vivió uno de sus momentos más brillantes. Todo ello bajo el impulso de emperadores que, desde Hispania, mostraron al mundo cómo gobernar con sabiduría. Soledad carrasquilla caballero. sccc.-

Busto de Adriano. Museo Arqueologico de Sevilla

Busto de Marco Aurelio. Museo Metropolitan de Nueva York.