
Rotulado de la calle dedicada a ibn Shaprut en Córdoba.
Ibrāhīm ibn Yaʿqūb, Hasday ibn Shaprut o Recemundo.
El hebreo andalusí, obispo de Iliberis (Elvira), y el hombre más influyente en la corte del mejor califa de Occidente.
Hasday ibn Shaprut nació en 910 en la cora de Yayyan (Jaén) y murió en Córdoba en 975. Fue uno de los personajes más singulares de la corte de ʿAbd al-Rahmān III. Su figura representa, con su triple dimensión de médico, diplomático y erudito, la universalidad cultural del Califato de Córdoba. La monja germana Hroswitha de Gandersheim, quien escribió que “Córdoba es joya del mundo que enardece Oriente y alumbra Occidente”, lo llamó “ornamento del mundo” y “perla de Occidente”, recogiendo así la importancia de Hasday en la ciudad califal.
Hablaba hebreo, árabe y latín —idioma por entonces reservado a la alta jerarquía eclesiástica— además del incipiente romance. Sabio, políglota, filósofo, astrónomo, matemático, militar, diplomático, político, traductor, comerciante, viajero, religioso, tesorero, consejero y financiero.
Como jefe de aduanas, supervisaba los fielatos en el puerto de Córdoba, encargándose de recaudar los impuestos sobre los barcos que entraban o salían de al-Ándalus. Este arancel era una de las principales fuentes de ingreso del Califato.
Miembro del dīwān (oficio palatino) de Córdoba, nunca ostentó oficialmente el título de visir, pero ejerció funciones similares a las de un ministro de Exteriores. Ocupó el cargo de nasīr, especie de “príncipe” o líder de las comunidades judías de al-Ándalus, encarnando un judaísmo arabizado. Fue consejero y médico personal de ʿAbd al-Rahmān III, cargo que continuó desempeñando bajo su hijo al-Ḥakam II. Se le atribuye la invención de un antídoto universal llamado al-Fārūq, eficaz contra el veneno de serpiente, en el que el califa estaba muy interesado; de ahí que la víbora se convirtiera en símbolo de la farmacología.
Como jefe de protocolo, Hasday actuó como embajador del califa ante el emperador Otón I (el “rey sacerdote”) entre 950 y 953. Viajó a Bizancio, Jerusalén, Frankfurt, Siria y otras cortes.
Uno de sus mayores triunfos diplomáticos se produjo cuando Sancho I de León fue depuesto por Ordoño IV. La reina Toda de Navarra, abuela de Sancho, solicitó ayuda a ʿAbd al-Rahmān III. Sancho fue tratado en Córdoba por Hasday, quien, según la tradición, le impuso un régimen de adelgazamiento que incluyó recorrer a pie el camino de Pamplona a Córdoba. Las tropas coaligadas de cordobeses y navarros derrotaron a Ordoño IV, y Sancho fue restituido en el trono. A cambio, el rey entregó al califa diez castillos en la zona del Duero.
En 940, Hasday fue enviado a Barcelona para negociar la paz con el conde franco Suñer, hijo de Wifredo el Velloso. Para reforzar sus gestiones, la flota andalusí con base en Pechina se desplegó frente a las costas catalanas el 19 de julio. Hasday resolvió el conflicto de forma diplomática, con la flota fondeada como medida disuasoria. Finalmente, todos los nobles francos se sometieron al califa.
En 944, ʿAbd al-Rahmān III recibió una embajada de Constantino VII de Bizancio, quien envió como presente un ejemplar del De Materia Medica de Pedanio Dioscórides, obra fundamental de la farmacopea antigua. Hasday tradujo esta obra del griego al árabe con la ayuda del monje Nicolás. El texto describe más de 600 plantas medicinales, 90 minerales y 30 sustancias animales.
La corte cordobesa se convirtió en un crisol de culturas. Hasday fue el encargado de atender a todos los emisarios imperiales. Las relaciones entre el califa y Otón I eran tensas, pues el papa Juan XII había promovido la primera cruzada contra al-Ándalus, como parte de su alianza con el emperador. Este papa, descrito como el más corrupto de la historia, fue acusado de delitos graves y murió en 964 en circunstancias escandalosas.
En el siglo X, los andalusíes ocuparon temporalmente zonas del alto Ródano. En 953, Hasday fue enviado a Maguncia, a la corte de Otón I, para negociar un tratado de paz y exigir una retractación de la carta ofensiva contra el islam enviada por Bruno, arzobispo de Colonia, a través del monje Juan de Gorze. Gracias a Hasday, las relaciones diplomáticas se normalizaron, aunque los marinos de Faxinetum permanecieron en la región durante más tiempo.
Tras esta exitosa misión, se cree que ʿAbd al-Rahmān III impuso a Hasday el anillo signatario como obispo de Iliberis, sustituyendo a Agaspito.
Fue autor del Libro de la división de los tiempos (conocido como Calendario de Córdoba), redactado en latín y árabe y dedicado a al-Ḥakam II. Es una obra astronómica, médica y agrícola, en la que se describe un sistema de predicción meteorológica basado en la posición solar y la ocultación de ciertas estrellas. También contiene recetas como un colirio para las cataratas hecho con zumo de granadas y agua de hinojo.
Es probable que esta obra tenga relación con el libro Arquitectura de los Nabateos, muy citado por eruditos árabes.
Como obispo, escribió también un santoral mozárabe donde menciona a Álvaro de Córdoba y su célebre frase: “Tú sabes, Señor, que tengo sed del reposo eterno”.
Intervino ante la emperatriz Helena, hija del emperador Romano Lecapeno, en favor de una comunidad judía del sur de Italia que iba a ser forzada a convertirse. Mantuvo relaciones con las escuelas rabínicas de Kiruán, Constantina y Babilonia, y promovió la independencia intelectual del judaísmo occidental respecto al oriental, haciendo de Córdoba el nuevo centro del saber judío.
Hasday impulsó las academias hebraicas en al-Ándalus, fundando una escuela de filología hebrea en Córdoba que marcó el inicio de la Edad de Oro de la cultura judía peninsular. Se interesó también por la astronomía, recibiendo tratados sobre la esfera celeste que luego influirían en astrónomos de la Escuela de Toledo en tiempos de Alfonso X y, más adelante, en Abraham Zacuto. Estos estudios sentaron las bases para las grandes navegaciones.
Desde el siglo XI se conserva una carta que Hasday escribió al rey de los jázaros, en la que solicitaba información sobre su reino, convertido oficialmente al judaísmo, y relataba la situación de los judíos en Occidente.
El embajador Juan de Gorze afirmó: “Nunca se ha visto un hombre de un intelecto tan sutil como el de Hasday”.
Inspiró la novela Los cipreses de Córdoba de Yael y tiene dedicadas calles en Jerusalén, Jaén y Córdoba. Soledad carrasquilla caballero. sccc.-

Códice de Dioscórides De Materia Medica traducido al árabe y al latín por Hasday Ibn Shaprut

Hasday Ibn Shaprut en la Corte de Abderramán III presentando al monje Juan de Gorze al califa. Oleo de Dionís Baixeras 1885. Paraninfo de la Universidad de Barcelona.

Calle de Ibn Shaprut en Córdoba

Monumento a Hasday Ibn Shaprut en Jaen.