
Fotografía de Genalguacil, pueblo de Sierra Bermeja donde murió el Gran Aguilar
Sierra Bermeja, 1501: la última victoria andalusí y la caída del Gran Aguilar
El 16 de marzo de 1501, en los abruptos parajes de Sierra Bermeja, fue testigo de un acontecimiento dramático y simbólico: la última gran victoria militar de los andalusíes, ya sin emir ni reino, pero aún con el orgullo intacto. Aquel día, se selló también una de las derrotas más inexplicables de las armas castellanas en tiempos de la unificación, con la muerte del valeroso Alonso Fernández de Córdoba y Aguilar, hermano del Gran Capitán.
Tras la caída del Reino de Granada (1492), las tensiones entre la población morisca y la autoridad castellana no cesaron. En el valle del Genal, un grupo de andalusíes, encabezados por el mítico Febi de Ben Esteor (o Feheri de Benestepar), resistían la imposición de los decretos de conversión forzosa y la represión cultural
El rey Fernando el Católico, decidido a sofocar cualquier levantamiento, envió al experimentado Alonso Fernández de Córdoba al frente de una expedición. Sin embargo, la empresa nació herida: el ejército castellano era insuficiente y carente de apoyo logístico.
Los andalusíes, conocedores del terreno y de las montañas que los habían protegido durante generaciones, se replegaron a una altura estratégica en Sierra Bermeja, abandonando Genna-Alwacir. Alonso, contando con el apoyo del conde de Ureña, que se encontraba en la retaguardia, los persiguió. Fue en el paso de Benestepar donde cayó la trampa: una emboscada perfecta, fulminante, sangrienta y sin ayuda. El hijo del Gran Aguilar Pedro Fernández de Córdoba y Pacheco escapó con los dientes rotos de una pedrada y el conde de Ureña no le prestó el apoyo necesario en el momento justo.
Desde el primer instante que llegar la notica de la derrota castellana, en toda la corte se rumoreo que el de Aguilar no podía haber muerto en la lucha, ya que era sabido por sus amigos y enemigos “que no había moro ni cristianos capaces de matar a Alonso cuerpo a cuerpo”, tal era su agilidad y movimiento en el combate. Cuando fueron sometidos definitivamente los moriscos de Sierra Bermejas, los huesos del hermano de Gran Cápitan gritaron la causa de su muerte: cincuenta venablos castellanos (Lanza corta y arrojadiza), utilizados en la caza por los castellanos. Clavados en su esqueleto. No fu la montaña la que lo devoró. Fuero armas castellanas.
Todos los rumores de los cordobeses, todas las poesías que se escribieron, en su momento, entre ellos la de Juan Rufo que apuntaban la causa de la muerte del Gran Aguilar se confirmaron: La emboscada en la que murió uno de los más importantes hombres que ha dado Córdoba (el ultimo nobles que mandaban más que un rey), no fue la de Febi de ben_Esteor si no la del rey Fernando.
Desde el primer momento, en la corte de los Reyes Católicos corrió el rumor de que el Gran Aguilar no murió solo a manos de los moriscos. Los cordobeses, que lo veneraban como a un héroe legendario, susurraban versos y coplas que apuntaban más arriba: al mismísimo rey Fernando, el calculador monarca que inspiraría a Maquiavelo para su célebre «Príncipe». Y es que, para algunos, la muerte de Alonso fue política más que militar. Un rival incómodo, hermano del todopoderoso Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, que acumulaba fama, victorias y prestigio. ¿Fue abandonado a propósito en Sierra Bermeja? ¿Se buscaba con su muerte debilitar de los nobles cordobeses?
El poeta Juan Rufo, también cordobés, escribió años después una décima en la que se insinúa que la emboscada no fue del todo «enemiga», y que el acero que mató al Gran Aguilar no era solo morisco, sino también cristiano.
La batalla de Benestepar no solo marca la última victoria militar de los musulmanes andalusíes en la península. Es también un símbolo de la resistencia cultural y territorial de un pueblo que, pese a su derrota política, aún luchaba por su dignidad y su tierra.
La muerte del Gran Aguilar, uno de los hijos más insignes de Córdoba, sigue envuelta en mito, pólvora y silencio. Su recuerdo permanece grabado en la memoria de Andalucía como el de un guerrero fiel, caído no solo por la espada, sino por los juegos del poder. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-

Relieve de Alonso de Aguilar en la plaza mayor de Salamanca.