[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Abd al-Malik se alía con Al-Mutamid y pierde Córdoba – Cosas de Cordoba

Abd al-Malik se alía con Al-Mutamid y pierde Córdoba

En los años convulsos que siguieron a la desaparición del Califato de Córdoba, la antigua capital de al-Ándalus dejó de ser el centro de un gran imperio para convertirse en objeto de disputa entre los distintos reinos de taifas. Así, en el año 1069, gobernaba la ciudad Abd al-Malik ibn Yáhwar, miembro de la familia que desde hacía décadas trataba de mantener el equilibrio y la independencia de Córdoba.

Pero los tiempos eran inciertos y el poder del gobernante cordobés se veía amenazado por enemigos externos y por las divisiones internas de la propia ciudad. Aprovechando esta debilidad, Al-Mamún de Toledo, puso sus ojos sobre Córdoba, ciudad que aún conservaba el prestigio y la memoria del antiguo esplendor califal. Con la intención de ampliar sus dominios y aumentar su influencia en al-Ándalus, Al-Mamún envió sus tropas para someterla.

Ante el peligro, Abd al-Malik buscó apoyo en otro de los grandes señores del momento, Al-Mutamid, rey de Sevilla, hombre conocido tanto por su talento poético como por su ambición política. Al-Mutamid acudió en ayuda de Córdoba y, tras diversos enfrentamientos, las tropas aliadas consiguieron frenar y derrotar a los ejércitos enviados por el monarca toledano.

Mas la ayuda del rey sevillano no era desinteresada. Desde hacía tiempo deseaba dominar la ciudad que durante siglos había sido el corazón político y cultural de al-Ándalus. Sabía que quien gobernara Córdoba no solo poseería una plaza fuerte en el valle del Guadalquivir, sino también el prestigio de sentarse en la ciudad donde habían reinado los antiguos califas.

Al-Mutamid supo aprovechar con habilidad el descontento de muchos cordobeses, cansados del gobierno debilitado de Abd al-Malik ibn Yáhwar. Mientras se presentaba como aliado y protector, fue ganando partidarios dentro de la ciudad y aumentando su influencia en sus asuntos.

Sin embargo, el destino de Córdoba aún no estaba decidido. Poco después, Al-Mamún de Toledo volvió a intervenir en los asuntos de la ciudad y logró finalmente imponer su autoridad sobre ella hacia el año 1070, aprovechando las divisiones internas que debilitaban a sus gobernantes. Durante algunos años, Córdoba quedó así bajo la influencia del reino toledano.

Pero la fortuna volvió a cambiar cuando Al-Mamún murió en 1075. Su sucesor, Al-Qadir de Toledo, no pudo mantener el control firme sobre sus territorios. Las tensiones políticas y las rivalidades entre taifas debilitaron su posición, lo que permitió que Al-Mutamid interviniera nuevamente en los asuntos cordobeses.

Finalmente, en el año 1078, el rey de Sevilla logró hacerse con el dominio de Córdoba e incorporarla a su reino. Con ello ampliaba considerablemente su poder y extendía su influencia por buena parte del valle del Guadalquivir.

No obstante, aunque Córdoba volvió a formar parte de un reino poderoso, nunca recuperó plenamente la grandeza política que había tenido en los tiempos del califato. Aun así, su nombre seguía despertando respeto y ambición, pues gobernar la antigua capital de los omeyas era todavía símbolo de prestigio y autoridad en el mundo de los reinos de taifas. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Muro de la Quibla de la Mezquita de Córdoba detrás del cual que los creyentes dirigían la oración mirando al Sur