[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. La Capilla de San Bartolomé – Cosas de Cordoba

La Capilla de San Bartolomé

Un extraordinario encuentro de culturas en la Córdoba medieval

En pleno corazón de la Judería de Córdoba, escondida entre la calle Averroes y las plazas del Cardenal Salazar y de Maimónides, se encuentra uno de los monumentos más singulares y, al mismo tiempo, menos conocidos de la ciudad: la Capilla de San Bartolomé.

Quien atraviesa su pequeño pórtico y entra en el recinto descubre un espacio que parece condensar en unos pocos metros buena parte de la compleja historia medieval de Córdoba. Es una capilla cristiana, funeraria y gótica, pero su decoración está realizada siguiendo las formas y técnicas de la tradición andalusí. Sus muros están cubiertos de yeserías de tradición andalusí; aparecen lacerías geométricas, atauriques, escudos y bandas epigráficas en escritura árabe. El conjunto constituye uno de los ejemplos más refinados del arte mudéjar cordobés. La propia Junta de Andalucía la considera una muestra exquisita de arquitectura mudéjar, construida entre los siglos XIV y XV.

Y ahí reside buena parte de su extraordinario interés: un espacio cristiano construido y decorado con un lenguaje artístico heredado del mundo islámico.

No estamos ante una antigua mezquita transformada en iglesia, ni ante un edificio musulmán reutilizado por los cristianos. La capilla fue concebida como un espacio cristiano, pero sus artífices recurrieron a unas formas artísticas que tenían profundas raíces en la tradición de al-Andalus.

Por eso, entrar en San Bartolomé es contemplar una de las muchas formas en las que las tradiciones artísticas islámicas continuaron viviendo en la Córdoba cristiana.

Para comprender su historia hay que retroceder hasta finales del siglo XIV.

El 8 y 9 de junio de 1391, Córdoba sufrió un violento asalto contra su comunidad judía. El episodio provocó la muerte, huida, dispersión y conversión de numerosos miembros de la comunidad. Posteriormente, el espacio de la antigua Judería experimentó una profunda transformación y se reorganizó como una zona de población cristiana.

La nueva organización urbana dio lugar a la collación de San Bartolomé, documentada a comienzos del siglo XV. Según la Universidad de Córdoba, la construcción de la iglesia se sitúa aproximadamente entre 1399 y 1410.

Lo que hoy conocemos como Capilla de San Bartolomé no debe confundirse, por tanto, con una iglesia completa. El pequeño recinto que ha llegado hasta nosotros corresponde a una capilla funeraria añadida al conjunto, que en la documentación aparece bajo la advocación de Santiago y que se fecha en la primera mitad del siglo XV.

La presencia de una concha en relieve sobre el acceso ha sido relacionada precisamente con esa advocación jacobea.

La función original de la capilla fue funeraria.

Su construcción y su extraordinaria decoración indican que detrás de ella tuvo que existir un promotor con recursos económicos y una posición social elevada.

La investigación de la historiadora del arte M.ª Ángeles Jordano Barbudo, de la Universidad de Córdoba, ha relacionado la fundación de la capilla con Diego Fernández Abencaçin, personaje de origen judeoconverso que desempeñó funciones como alfaqueque y estuvo relacionado con la corte y con la liberación o negociación de cautivos. La investigación propone que pudo ser el comitente de la capilla funeraria.

El dato resulta especialmente interesante porque añade una nueva dimensión a la historia del edificio.

La capilla habría sido creada en una Córdoba profundamente transformada después de la violencia de 1391 y estaría vinculada a un personaje procedente de una familia judeoconversa, mientras que su decoración recurriría a formas artísticas de tradición islámica para crear un espacio funerario cristiano.

En otras palabras, cristianismo, herencia judía e influencia artística islámica confluyen en la historia de un mismo edificio.

La palabra mudéjar procede del árabe mudayyan, término empleado para designar al musulmán al que se permitía permanecer en territorio conquistado por los cristianos.

Con el tiempo, el término pasó a utilizarse también para definir una realidad artística: la utilización, en edificios cristianos, de técnicas, materiales, formas ornamentales y soluciones arquitectónicas procedentes de la tradición islámica.

La Capilla de San Bartolomé constituye un magnífico ejemplo.

Los artesanos que trabajaron en ella utilizaron yeso, ladrillo, azulejería y una compleja ornamentación geométrica y vegetal. Las yeserías cubren buena parte de los muros y forman composiciones de lacería, ataurique y motivos epigráficos.

La decoración no es un simple añadido superficial. Forma parte de la concepción integral del espacio.

Las estrellas, polígonos, entrelazos y motivos vegetales crean una decoración continua que hace que los muros parezcan prolongarse indefinidamente.

Es precisamente esta concepción geométrica la que permite establecer un vínculo visual con la gran tradición decorativa de al-Andalus.

Uno de los elementos que más sorprenden al visitante son las inscripciones en árabe.

En las yeserías aparecen caracteres de tradición cúfica y nasjí. Algunas de las fórmulas epigráficas contienen expresiones de alabanza a Dios, entre ellas una conocida fórmula que se ha traducido como: “La eternidad para Allah, la gloria para Allah”.

La presencia de estas palabras en una capilla cristiana del siglo XV resulta extraordinariamente llamativa.

Sin embargo, debemos evitar interpretar automáticamente estas inscripciones como prueba de que el edificio fuese musulmán o de que existiera allí un culto islámico.

La investigación y la información patrimonial sobre la capilla señalan que las inscripciones tienen también una función ornamental y estética. Se utilizó un lenguaje decorativo heredado de la tradición islámica dentro de un espacio cristiano.

Es precisamente esta circunstancia la que convierte a San Bartolomé en un documento excepcional.

La escritura árabe había dejado de ser en la Córdoba cristiana la escritura de una comunidad dominante, pero continuaba siendo un lenguaje artístico de enorme prestigio.

El resultado es paradójico y fascinante: las palabras pertenecen a la tradición andalusi, mientras que el edificio pertenece al mundo castellano.

La decoración de San Bartolomé demuestra también la extraordinaria continuidad de las técnicas ornamentales desarrolladas en al-Andalus.

Las lacerías forman complejos entramados geométricos. Las líneas se cruzan, generan estrellas y polígonos y crean una sensación de movimiento continuo.

La geometría no era únicamente una cuestión estética. Constituía uno de los principales lenguajes ornamentales de la arquitectura islámica medieval y había alcanzado en al-Andalus un extraordinario desarrollo.

La Capilla de San Bartolomé demuestra que la conquista cristiana de la ciudad no significó la desaparición inmediata de las tradiciones artísticas islámicas.

Por el contrario, muchos de esos conocimientos continuaron en manos de artesanos especializados y fueron utilizados para decorar edificios cristianos.

De ahí la importancia histórica de los alarifes mudéjares, maestros capaces de trabajar dentro de la tradición constructiva y ornamental heredada de al-Andalus al servicio de nuevos patronos cristianos.

Entre la decoración aparece otro elemento que permite situar el edificio dentro de la sociedad política de la Castilla bajomedieval: los escudos relacionados con la Orden de la Banda.

La decoración combina así dos lenguajes aparentemente diferentes.

Por una parte, encontramos la geometría, el ataurique y epigrafia.

Por otra, aparecen símbolos heráldicos vinculados al poder cristiano.

No existe aquí una simple sustitución de una cultura por otra.

Lo que vemos es una superposición de lenguajes: el lenguaje político y heráldico de la monarquía castellana convive con formas decorativas procedentes de la tradición andalusí.

La capilla es, por ello, mucho más que un ejemplo de decoración mudéjar. Es un testimonio material de la complejidad cultural de la Córdoba bajomedieval.

Pero la sorpresa no termina en las paredes. En 1935, durante una intervención en la capilla, aparecieron 35 azulejos nazaríes realizados en azul de cobalto y reflejo metálico. Se encontraban en la contrahuella del escalón que precede al altar y fueron trasladados posteriormente al Museo Arqueológico de Córdoba.

No se trata simplemente de azulejos decorativos de tradición islámica. Las piezas presentan escenas figurativas y constituyen un conjunto de extraordinario interés para conocer los gustos de las élites de comienzos del siglo XV.

La investigación de M.ª Ángeles Jordano ha estudiado detalladamente estas piezas y ha propuesto una interpretación diferente de la tradicional identificación de las escenas como alegorías de los sentidos. El estudio relaciona su iconografía con los gustos cortesanos, la caza, el amor cortés y las aficiones de las clases privilegiadas de comienzos del siglo XV.

El descubrimiento añade una nueva pieza al extraordinario mosaico cultural de la capilla.

Hoy, por tanto, para comprender completamente este monumento hay que visitar también el Museo Arqueológico de Córdoba, donde se conservan esos azulejos procedentes de San Bartolomé.

La solería de la capilla conserva elementos de la decoración histórica, con ladrillos vidriados y zócalos de azulejos dispuestos mediante composiciones geométricas.

Este tipo de decoración conecta San Bartolomé con una tradición cerámica desarrollada en distintos grandes edificios de la arquitectura andalusí y mudéjar.

Se puede reconocer una misma sensibilidad estética basada en el color, la geometría, el brillo de las superficies vidriadas y la repetición de formas.

Por ello, cuando contemplamos la decoración de San Bartolomé podemos establecer conexiones estilísticas con otros grandes conjuntos de la arquitectura peninsular, entre ellos la Mezquita-Catedral de Córdoba, el Alcázar de Sevilla y la Alhambra de Granada.

Pero, de nuevo, no debemos entenderlo como si todos estos edificios hubieran sido decorados por los mismos artesanos o siguiendo exactamente el mismo programa. Se trata de una tradición artística compartida y transformada a lo largo del tiempo.

Durante siglos, la antigua iglesia de San Bartolomé continuó vinculada a la vida religiosa de Córdoba. La pequeña capilla funeraria siguió formando parte del conjunto y posteriormente tuvo otros usos funerarios.

El cardenal Pedro de Salazar y Góngora impulsó la construcción de un hospital en este lugar. El Hospital del Cardenal Salazar fue fundado a comienzos del siglo XVIII y la antigua capilla quedó entonces integrada en el nuevo complejo hospitalario.

El antiguo hospital alberga actualmente la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba.

Así, quienes hoy acuden a estudiar, impartir clases o investigar en sus instalaciones lo hacen dentro de un conjunto arquitectónico que reúne testimonios de varios siglos de historia cordobesa.

Quizá esa sea la verdadera grandeza de San Bartolomé. No es solamente una capilla mudéjar. Es un lugar en el que pueden leerse varias etapas de la historia de Córdoba.

En sus muros aparece la tradición artística andalusí. En sus símbolos aparece la monarquía y la sociedad cristiana bajomedieval. Y su historia está relacionada con la transformación de la antigua Judería después de 1391.

Su posible fundador, Diego Fernández Abencaçin, nos lleva al mundo de los judeoconversos, los alfaqueques y las relaciones entre Córdoba y Castilla. Su integración posterior en el Hospital del Cardenal Salazar nos conduce al siglo XVIII. Y su incorporación a la Universidad de Córdoba nos devuelve al presente.

Por eso la Capilla de San Bartolomé es uno de los monumentos que mejor permiten comprender que la historia de Córdoba no puede dividirse simplemente entre una época musulmana y otra cristiana.

çLas culturas no desaparecen de un día para otro. Las técnicas permanecen, los artesanos transmiten sus conocimientos, los edificios reutilizan formas antiguas y los nuevos poderes adoptan lenguajes artísticos de las sociedades que les precedieron.

La Córdoba de los siglos XIV y XV continuó utilizando una parte importante del legado artístico de al-Andalus. Y la Capilla de San Bartolomé es una de las pruebas más hermosas de esa continuidad.

La capilla demuestra que las fronteras políticas y religiosas no impedían necesariamente la transmisión de conocimientos, técnicas y formas artísticas.

Pocos edificios de Córdoba permiten contemplar de una manera tan concentrada la capacidad de la ciudad para recibir, transformar y conservar las herencias de las distintas sociedades que la habitaron.

La Capilla de San Bartolomé no es, por tanto, solamente una joya escondida de la Judería.

Es una pequeña historia de Córdoba escrita lacerías, atauriques y epigráficas.