[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Maslama al-Maŷrītī – Cosas de Cordoba

Maslama al-Maŷrītī

Âbû-l-Qâsim Maslama ibn Âhmad al-Faradi al-Hasib al-Qurtubî al-Maŷrîtî, miró el cielo desde Córdoba

En torno al año 950 nació en Maŷrīṭ, uno de los científicos más importantes de la astronomía y las matemáticas de al-Ándalus: Maslama ibn Ahmad al-Maŷrītī, conocido en las fuentes como al-Maŷrītī.

Su nombre completo aparece transmitido como Abū al-Qāsim Maslama ibn Aḥmad al-Faraḍī al-Ḥāsib al-Qurṭubī al-Maŷrīṭī. En él encontramos varios datos que permiten conocer su trayectoria: al-Ḥāsib, «el calculista»; al-Qurṭubī, «el cordobés», y finalmente al-Maŷrīṭī, «el madrileño».

Aunque nació en Maŷrīṭ, su vida científica estuvo estrechamente vinculada a Córdoba, donde desarrolló gran parte de su actividad intelectual y creó una escuela científica cuya influencia se prolongaría durante generaciones.

En el siglo X, Maŷrīṭ era todavía un enclave fronterizo muy diferente de la gran ciudad que conocemos actualmente. Su desarrollo había comenzado durante el emirato de Muḥammad I, en la segunda mitad del siglo IX, como parte del sistema defensivo de la frontera central de al-Ándalus.

Córdoba, en cambio, se encontraba en pleno proceso de convertirse en una de las grandes capitales del Mediterráneo.

Durante el siglo X, especialmente bajo Abderramán III y al-Hakam II, la ciudad experimentó un extraordinario desarrollo político, económico y cultural.

A Córdoba llegaban libros, científicos, médicos, matemáticos y astrónomos. Los conocimientos procedentes del mundo griego, persa, indio y del Oriente islámico eran estudiados, traducidos, comentados y, en muchos casos, desarrollados por los propios científicos andalusíes.

Fue en este ambiente donde Maslama encontró el escenario adecuado para desarrollar su extraordinario talento.

Siendo todavía joven se trasladó a Córdoba y allí estudió matemáticas, geometría y astronomía. Entre los maestros relacionados con su formación aparecen ʿAbd al-Gāfir ibn Muḥammad y Abū Bakr ibn ʿĪsā, representantes de la tradición matemática y astronómica cordobesa.

Córdoba se convirtió para él en mucho más que una ciudad de residencia, fue su verdadera patria intelectual. Una Córdoba que estudiaba el mundo

Maslama vivió en una época en la que las fronteras entre astronomía y astrología todavía no estaban claramente separadas.

Los movimientos de los planetas se estudiaban mediante cálculos matemáticos, pero también se consideraba que determinados acontecimientos celestes podían tener consecuencias sobre los asuntos humanos.

El cielo se observaba para conocer el calendario, establecer las horas de oración, determinar la orientación de las mezquitas y elaborar predicciones astrológicas.

Por eso, la astronomía no era una ciencia aislada. Estaba relacionada con las matemáticas, la religión, la navegación, la medición del tiempo y también con la astrología. Y Maslama se convirtió en una de las figuras fundamentales de esta tradición científica donde las matemáticas estaban al servicio de la vida cotidiana

Se le atribuye el tratado al-Muʿāmalāt, dedicado a cuestiones relacionadas con las operaciones comerciales y económicas. En él aparecían problemas relativos a impuestos; catastros; compraventas; salarios; distribución de mercancías; preparación y reparto de alimentos; cambios de moneda; operaciones aritméticas; raíces cuadradas; ecuaciones.

Es decir, las matemáticas no aparecían únicamente como una disciplina abstracta.

Servían para organizar la economía y resolver los problemas cotidianos de una sociedad compleja.

El original árabe de esta obra no se ha conservado, pero parte de su contenido sobrevivió gracias a traducciones medievales al latín.

Maslama también trabajó sobre el astrolabio, uno de los instrumentos científicos más importantes del mundo medieval.

El astrolabio permitía representar la posición aparente de los astros y realizar cálculos relacionados con el tiempo, la orientación y la posición geográfica.

En al-Ándalus tuvo además una utilidad religiosa extraordinaria.

Permitía calcular las horas de oración y ayudaba a determinar la orientación hacia la qibla, es decir, la dirección de La Meca.

De esta manera, un instrumento astronómico terminaba teniendo aplicaciones científicas, prácticas y religiosas.

Uno de los trabajos más importantes relacionados con Maslama fue su revisión y adaptación de las tablas astronómicas de al-Juarizmī.

Al-Juarizmī había desarrollado siglos antes una importante tradición matemática y astronómica en Bagdad.

Su nombre quedaría asociado a dos palabras que han llegado hasta nuestro idioma:

guarismo, relacionado con su nombre latino, y algoritmo, derivado también de la latinización de su nombre.

Maslama adaptó conocimientos astronómicos procedentes de Oriente a las coordenadas de Córdoba, haciendo que aquellos cálculos pudieran ser utilizados por los científicos de al-Ándalus.

Esta labor es fundamental para comprender la importancia de la ciencia cordobesa. Córdoba no se limitó a recibir conocimientos orientales; los estudió, corrigió, adaptó y transmitió.

Maslama también estuvo relacionado con la transmisión de la astronomía griega.

Entre las obras que estudiaron los científicos andalusíes se encontraba la tradición astronómica de Claudio Ptolomeo, cuyo sistema constituyó durante siglos una de las grandes bases de la astronomía medieval.

A Maslama se le atribuye asimismo un trabajo relacionado con la representación de la esfera celeste y el conocimiento del planisferio de Ptolomeo.

Todo ello muestra la extraordinaria mezcla cultural que se produjo en Córdoba, Grecia, Persia, India, Oriente islámico y tradición andalusí terminaron encontrándose en la misma ciudad.

Maslama no fue solamente un recopilador de conocimientos. También realizó observaciones astronómicas. Entre ellas destaca la observación de Régulo, la estrella principal de la constelación de Leo, registrada en torno al año 979.

Sus trabajos también estuvieron relacionados con el cálculo de las posiciones de las estrellas y con el estudio de la precesión de los equinoccios, el lento cambio de orientación del eje terrestre que modifica con el paso de los siglos la posición aparente de los polos celestes.

Esto es especialmente importante porque demuestra que los astrónomos andalusíes no estaban simplemente copiando libros antiguos. Estaban mirando el cielo desde Córdoba y realizando sus propios cálculos.

La observación de los eclipses tuvo también un lugar importante en la astronomía medieval.

Los eclipses podían ser calculados mediante las tablas astronómicas, pero al mismo tiempo despertaban una enorme expectación.

En una sociedad donde astronomía y astrología estaban estrechamente relacionadas, un eclipse podía ser interpretado como un acontecimiento extraordinario y también como un posible presagio político.

La tradición relacionada con Maslama lo vincula con observaciones y cálculos de fenómenos celestes que posteriormente fueron interpretados desde la astrología.

Aquí conviene hacer una precisión. Las fuentes medievales y las reconstrucciones modernas no siempre coinciden en atribuirle personalmente todas las observaciones que posteriormente se han relacionado con su figura, por lo que es preferible hablar de la tradición científica de su escuela y no presentar todos esos fenómenos como observaciones personales indiscutibles de Maslama.

Otro fenómeno que despertó gran interés entre los astrólogos medievales fue la aproximación o conjunción de Júpiter y Saturno.

Estos dos planetas, por su lento movimiento aparente, eran especialmente importantes para la astrología medieval.

Los astrólogos consideraban que determinadas conjunciones podían anunciar cambios políticos, guerras, epidemias, hambre o transformaciones de las dinastías.

A Maslama se le atribuyeron predicciones relacionadas con grandes cambios políticos en al-Ándalus.

La tradición cuenta que habría anunciado un período de revueltas, hambre y cambio de dinastía.

Lo verdaderamente llamativo es que Maslama murió aproximadamente en 1007, mientras que al-Ándalus entró poco después en una etapa de enorme inestabilidad.

En 1009 comenzó la crisis política que acabaría desembocando en la fitna, la guerra civil que destruyó la estructura política del Califato de Córdoba y condujo finalmente a la aparición de los reinos de taifas.

Naturalmente, esto no significa que Maslama hubiera predicho científicamente la guerra civil.

La relación entre sus predicciones astrológicas y los acontecimientos posteriores pertenece al terreno de la tradición astrológica y biográfica medieval. Pero explica perfectamente el enorme prestigio que adquirió su figura.

Quizá su mayor legado no fueron solamente sus libros. Fue su escuela.

Maslama formó a varias generaciones de matemáticos, astrónomos y estudiosos de la astrología.

Entre los nombres relacionados con esta tradición aparecen Ibn al-Saffār, autor de importantes trabajos sobre el astrolabio, e Ibn al-Samḥ, conocido por sus estudios sobre instrumentos astronómicos y planetarios.

También se relaciona con esta tradición a al-Kirmānī, que posteriormente desarrollaría su actividad científica en Zaragoza.

A través de estos discípulos y de sus sucesores, el conocimiento astronómico cordobés se extendió por diferentes ciudades de al-Ándalus.

Uno de los acontecimientos astronómicos más impresionantes de aquellos años ocurrió poco después de la muerte de Maslama.

En el año 1006 apareció en el cielo una estrella extraordinariamente brillante: la conocida actualmente como SN 1006, una supernova producida por la explosión de una estrella.

Fue uno de los fenómenos estelares más brillantes observados por la humanidad durante la Edad Media.

Su aparición debió de ser extraordinaria para cualquiera que levantara los ojos al cielo.

Y aquí vuelve a aparecer la gran paradoja de la ciencia medieval. Para nosotros, aquella luz fue la explosión de una estrella situada a miles de años luz. Para quienes la contemplaron en el año 1006, una nueva estrella había aparecido donde antes no existía ninguna.

En una sociedad acostumbrada a relacionar los acontecimientos celestes con los acontecimientos terrestres, semejante fenómeno difícilmente podía pasar inadvertido.

Maslama al-Maŷrītī murió aproximadamente a comienzos del siglo XI, pero su obra no murió con él. Su escuela contribuyó a consolidar una tradición matemática y astronómica que tendría continuidad en al-Ándalus y que, posteriormente, llegaría a Europa latina a través de las traducciones medievales. Su importancia histórica reside precisamente en ese puente: Maŷrīṭ le vio nacer. Córdoba le convirtió en científico. Oriente proporcionó buena parte de los conocimientos que estudió. Al-Ándalus los transformó y desarrolló.Y siglos después, parte de aquella ciencia terminaría llegando a la Europa cristiana.

Maslama fue, por tanto, mucho más que un astrónomo. Fue uno de los grandes representantes de aquella Córdoba del siglo X que convirtió el conocimiento en una herramienta de poder, de religión, de cálculo y de curiosidad.

Mientras los gobernantes del Califato levantaban palacios y ampliaban la Mezquita, hombres como Maslama levantaban la mirada hacia las estrellas. Y desde Córdoba intentaron responder a una de las preguntas más antiguas de la humanidad: ¿Qué ocurre realmente cuando miramos al cielo?. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.