
¿fenómeno celestial o señal divina?
Uno de los episodios más enigmáticos relacionados con la muerte de Jesús de Nazaret es la oscuridad que, según los Evangelios sinópticos, cubrió la tierra durante las horas de su crucifixión.
El Evangelio de Mateo habla de una oscuridad que se extendió desde la hora sexta hasta la hora nona. Marcos y Lucas también sitúan el fenómeno durante aproximadamente tres horas. Lucas utiliza una expresión relacionada con el oscurecimiento del Sol.
La imagen que transmiten las fuentes es extraordinaria en pleno día, mientras Jesús permanecía crucificado en el Gólgota, la luz desapareció.
Para los primeros cristianos, aquella oscuridad no era simplemente un fenómeno meteorológico. Tenía un profundo significado religioso: el cielo parecía participar en el drama de la muerte de Cristo.
Pero aquí aparece una cuestión fascinante. ¿Fue realmente un eclipse?
Desde el punto de vista astronómico, un eclipse solar convencional no encaja fácilmente con la narración de la crucifixión.
La razón es sencilla: la crucifixión se sitúa tradicionalmente durante la celebración judía de la Pascua, que se celebraba alrededor de la luna llena. Un eclipse solar solamente puede producirse cuando la Luna se encuentra entre la Tierra y el Sol, es decir, alrededor de la luna nueva.
Por tanto, la oscuridad descrita por los Evangelios no puede explicarse simplemente como un eclipse solar normal coincidiendo con la Pascua.
Esto no significa que el relato deba considerarse necesariamente una invención. Significa que debemos distinguir entre el fenómeno descrito por las fuentes y su explicación astronómica.
El escritor cristiano Eusebio de Cesarea, al transmitir información procedente del cronista pagano Flegón de Trales, menciona un acontecimiento extraordinario ocurrido durante el reinado de Tiberio: una gran oscuridad asociada a un eclipse y a un terremoto.
Flegón hablaba de un oscurecimiento extraordinario ocurrido hacia el año 32-33 d. C., describiéndolo como un eclipse de enorme magnitud durante el cual, según el relato transmitido, las estrellas llegaron a hacerse visibles durante el día. También menciona un terremoto en Bitinia.
Durante siglos, algunos autores cristianos vieron en esta noticia pagana un posible testimonio externo relacionado con la oscuridad de la crucifixión.
Pero existe un problema, no podemos demostrar que el eclipse mencionado por Flegón fuera exactamente el fenómeno descrito por los Evangelios.
La identificación ha sido discutida por los historiadores y especialistas.
¿Qué quiso decir realmente Lucas? El relato de Lucas resulta especialmente interesante porque no se limita a decir que «el cielo se oscureció». Su lenguaje relaciona expresamente el fenómeno con el Sol.
Sin embargo, los estudios modernos han señalado que el lenguaje de Lucas puede tener también una dimensión simbólica y teológica.
En la tradición bíblica, la oscuridad del Sol aparece asociada a grandes acontecimientos y a la intervención divina. Por eso, para el evangelista, la oscuridad podía estar comunicando algo más profundo que una explicación meteorológica.
El mensaje sería: la muerte de Jesús tiene una dimensión cósmica. El mundo parece detenerse. La luz desaparece. La creación participa simbólicamente en la muerte de Cristo. Un acontecimiento que pudo quedar en la memoria
Existe además otra posibilidad histórica. Un fenómeno atmosférico extraordinario, una tormenta de polvo, una nube densa o cualquier otra circunstancia capaz de producir una oscuridad anormal podría haber contribuido a la tradición. Pero tampoco existe evidencia suficiente para afirmar que eso fue lo que ocurrió.
Por eso, desde una perspectiva histórica, debemos mantener abiertas varias posibilidades.
La fuente cristiana habla de oscuridad. La astronomía descarta un eclipse solar ordinario durante la Pascua. Flegón transmite una noticia antigua sobre un extraordinario oscurecimiento y un terremoto. Y la interpretación cristiana convirtió aquella oscuridad en uno de los símbolos más poderosos de la Pasión.
Quizá lo más interesante no sea intentar convertir necesariamente la oscuridad en un eclipse.
Lo verdaderamente importante es comprender cómo fue interpretada.
Para los primeros cristianos, el fenómeno tenía un significado enorme.
La muerte de Cristo no era presentada únicamente como la ejecución de un hombre condenado por las autoridades romanas.
Era presentada como un acontecimiento que afectaba al propio cosmos. El Sol se oscurece. La tierra tiembla. El velo del Templo se rasga. La naturaleza y el espacio sagrado parecen responder al acontecimiento.
Por eso, más de dos mil años después, aquel episodio continúa despertando la misma pregunta: ¿Qué ocurrió realmente sobre Jerusalén aquel día?
La Historia puede estudiar los textos. La astronomía puede calcular los eclipses. La arqueología puede investigar el mundo en el que vivió Jesús. Pero aquella oscuridad permanece como uno de los grandes enigmas de la Antigüedad.
Quizá fue un fenómeno natural interpretado como una señal. Quizá fue una tradición simbólica construida para expresar el significado de la muerte de Cristo. O quizá ocurrió un acontecimiento celeste que los contemporáneos no supieron explicar.
Lo que sí sabemos es que, desde los primeros siglos del cristianismo, aquella oscuridad quedó grabada en la memoria como una imagen inolvidable: cuando Cristo murió en la cruz, hasta el cielo pareció apagar su luz. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Fotografia se un oleo de José de Ribera, Cristo crucificado. Museo de Bellas Artes. Vitoria