[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Santuario de la Luz, lugar de paso de la Historia – Cosas de Cordoba

Santuario de la Luz, lugar de paso de la Historia

El Santuario de Nuestra Señora de la Luz: un lugar donde pasó la Historia

Hay lugares donde la historia no solo se estudia, sino que parece respirarse. Uno de ellos es el Santuario de Nuestra Señora de la Luz, situado a unos ocho kilómetros de Tarifa, en pleno Parque Natural de los Alcornocales. Quien llega hasta este remanso de paz encuentra un templo de profunda devoción mariana, pero también un escenario privilegiado desde el que puede contemplarse el paso de los siglos. Pocas ermitas andaluzas se levantan sobre un espacio tan cargado de memoria histórica.

El santuario ocupa un lugar estratégico, en el corredor natural que comunica el Estrecho de Gibraltar con el interior del Campo de Gibraltar. Desde la Antigüedad, este paso fue utilizado por comerciantes, viajeros y ejércitos que cruzaban entre África y Europa. El Estrecho, con apenas catorce kilómetros en su punto más angosto, no fue una barrera, sino un puente entre dos continentes.

Mucho antes de que existiera la ermita, estas tierras ya conocían el paso de pueblos y civilizaciones. Los fenicios navegaron estas costas atraídos por el comercio; los cartagineses establecieron enclaves estratégicos; los romanos consolidaron la presencia en la comarca con ciudades como Baelo Claudia, cuya prosperidad se basó en el comercio marítimo y en la fabricación del célebre garum. Mas tarde llegarían los visigodos, despues de un Imperio romano ya desaparecido.

Pero sería el año 711 cuando este rincón del Campo de Gibraltar adquiriría un protagonismo decisivo. Las tropas de Tariq ibn Ziyad cruzaron el Estrecho e iniciaron la conquista de la Península Ibérica. A partir de entonces, el Campo de Gibraltar se convirtió durante siglos en la gran puerta de comunicación entre al-Ándalus y el norte de África. Por estos caminos transitaron gobernadores, comerciantes, peregrinos y miles de soldados pertenecientes a los imperios almorávide, almohade y benimerín.

En 1269, la dinastía almohade desapareció definitivamente, siendo sustituida por los Banu Marin, conocidos por las crónicas castellanas como los benimerines. Desde su capital en Fez aspiraban a controlar el Estrecho de Gibraltar y mantener viva la presencia africana en la Península. Para ello realizaron numerosas expediciones militares y establecieron una estrecha alianza con el reino nazarí de Granada.

En 1288, el sultán nazarí solicitó formalmente el apoyo benimerín para frenar el avance castellano. Durante décadas, barcos cargados de guerreros cruzaron el Estrecho para desembarcar en las costas gaditanas. Los caminos que rodean el actual Santuario de la Luz fueron recorridos una y otra vez por aquellos ejércitos que marchaban hacia Tarifa, Algeciras o el valle del Guadalquivir.

Todavía en 1329, los benimerines y sus aliados granadinos consiguieron derrotar a las tropas castellanas y recuperar la ciudad de Algeciras. El equilibrio de fuerzas parecía inclinarse nuevamente hacia los norteafricanos y muchos creyeron posible una nueva expansión sobre los territorios peninsulares.

En el otoño de 1340, el sultán benimerín Abu al-Hasan Ali cruzó el Estrecho al frente del mayor ejército norteafricano reunido desde tiempos almohades. Unido a las tropas del reino nazarí de Granada pretendía derrotar definitivamente a Castilla y recuperar la iniciativa en la Península.

El 30 de octubre de 1340, junto al río Salado, muy cerca de Tarifa, las tropas de Alfonso XI de Castilla y Alfonso IV de Portugal obtuvieron una victoria decisiva. La Batalla del Salado marcó un antes y un después en la historia peninsular. A partir de entonces, los benimerines nunca volverían a intentar una gran invasión de la Península, y el reino nazarí de Granada quedó privado del apoyo militar decisivo del Magreb.

También para conmemora la batalla del Salado Alfonso XI, fundó como agradecimiento por su victoria, la iglesia de San Hipólito en Córdoba, concebida como panteón real, donde se encuentra en terrado

La tradición tarifeña cuenta que, cuando la batalla llegaba a su momento decisivo y la tarde comenzaba a caer, Alfonso XI, temiendo que la oscuridad impidiera culminar la victoria, levantó la vista al cielo e imploró: «¡Señora, luz… más luz!». Según la leyenda, una claridad extraordinaria iluminó el campo de batalla, permitiendo a las tropas cristianas perseguir al ejército enemigo hasta lograr la victoria. En agradecimiento, el monarca ordenó levantar un santuario en honor de Nuestra Señora de la Luz, advocación que desde entonces quedó unida para siempre a Tarifa y a la memoria de la Batalla del Salado. Aunque esta tradición forma parte de la devoción popular y no puede demostrarse documentalmente, constituye uno de los relatos fundacionales más arraigados de la ciudad.

Los estudios históricos señalan, sin embargo, que el edificio conservado actualmente presenta elementos que permiten situar su construcción, al menos, en el siglo XVI, aunque la tradición medieval que vincula su origen con Alfonso XI se mantuvo viva a lo largo de los siglos. El santuario fue profundamente transformado con sucesivas ampliaciones y reformas, adquiriendo su característica planta de cruz latina con tres naves, patio central y dependencias anexas para la hermandad y los caseros.

La paz del lugar también se vio truncada durante la Guerra de la Independencia. A comienzos del siglo XIX, las tropas napoleónicas saquearon y destruyeron gran parte del santuario. Terminada la contienda, el edificio hubo de ser reconstruido, conservando, no obstante, su carácter de santuario mariano y de lugar de peregrinación para los tarifeños.

Hoy, el visitante encuentra un lugar de recogimiento rodeado de alcornocales y palmitos, donde el silencio apenas es roto por el viento de Levante o el canto de las aves. Sin embargo, ese mismo paisaje fue escenario del paso de algunos de los ejércitos más poderosos de la Edad Media. Cada sendero, cada loma y cada arroyo evocan un tiempo en que el destino de la Península se decidía en estas tierras.

Por eso el Santuario de Nuestra Señora de la Luz es mucho más que un edificio religioso. Es un símbolo de la memoria del Campo de Gibraltar. Un lugar donde confluyen la fe, la leyenda y la historia; donde el recuerdo de fenicios, romanos, musulmanes y cristianos permanece unido para siempre bajo la mirada serena de la Virgen de la Luz, patrona de Tarifa y testigo silenciosa de uno de los escenarios más decisivos de la historia de España. Soledad Carrasquilla. Caballero. sccc.-

Virgen de la Luz de Tarifa

Cuadro de la Batalla del Río Salado que se encuentra en el Monasterio de Guadalupe

Sepulcro de Alfonso XI de Castilla en la Colegiata de San Hipólito de Córdoba

Monumento a la batalla del Salado, erigido por el rey Alfonso IV de Portugal ubicado en la parroquia de Oliveira, São Paio y São Sebastião.