[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Intento de independizar Andalucía – Cosas de Cordoba

Intento de independizar Andalucía

La conspiración del duque de Medina Sidonia: el frustrado intento de independizar Andalucía

Entre los episodios menos conocidos de la historia de Andalucía figura la llamada conspiración del duque de Medina Sidonia, un acontecimiento que, de haber triunfado, habría alterado profundamente la historia de España. En 1641, Gaspar Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, IX duque de Medina Sidonia, fue acusado de encabezar un proyecto que pretendía separar Andalucía de la Monarquía Hispánica y constituir un reino independiente, con el supuesto apoyo de Portugal y de las potencias enemigas de Felipe IV, especialmente Francia y las Provincias Unidas.

Aunque algunos historiadores consideran que la dimensión del complot pudo ser magnificada por la propaganda de la corte de Felipe IV, la documentación conservada demuestra que existieron contactos entre algunos miembros de la nobleza andaluza y la recién restaurada monarquía portuguesa. El episodio refleja hasta qué punto la Monarquía Hispánica atravesaba una de las mayores crisis de toda su historia.

Durante la década de 1640 la Monarquía Hispánica vivía una situación extremadamente delicada. Las prolongadas guerras europeas, el enorme esfuerzo económico derivado de la Guerra de los Treinta Años, las campañas militares contra Francia y las Provincias Unidas y la creciente presión fiscal impulsada por el conde-duque de Olivares provocaron un profundo malestar en numerosos territorios.

El año 1640 marcó un punto de inflexión. Cataluña se sublevó en la llamada Guerra de los Segadores y se puso bajo la protección del rey de Francia. Ese mismo año, el 1 de diciembre, Portugal proclamó rey al duque de Braganza, que pasó a reinar como Juan IV, iniciándose la Guerra de Restauración Portuguesa y la separación de la Corona española.

Al mismo tiempo aumentaban las tensiones políticas y fiscales en otros territorios de la Monarquía, como Aragón, Navarra, Sicilia y Nápoles. En este último reino estallaría en 1647 la célebre revuelta de Masaniello, que dio origen, aunque de forma efímera, a la República Napolitana. La Monarquía de Felipe IV parecía resquebrajarse por varios frentes simultáneamente.

En este contexto aparece la figura de Gaspar Alonso Pérez de Guzmán, jefe de una de las casas nobiliarias más poderosas de Europa.

Los Medina Sidonia dominaban amplios territorios de Andalucía occidental. Controlaban Sanlúcar de Barrameda y extensos señoríos en las actuales provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla, además de fortalezas, rentas, puertos estratégicos y numerosas jurisdicciones. Su poder económico y militar rivalizaba con el de muchas coronas europeas.

El duque ostentaba además el cargo de Capitán General del Mar Océano y Costas de Andalucía, responsable de la defensa del litoral atlántico frente a ingleses, holandeses y corsarios berberiscos.

Paradójicamente, aquel inmenso patrimonio estaba gravemente endeudado. La difícil situación financiera de la Casa de Medina Sidonia aumentó el enfrentamiento con la política centralizadora impulsada por el conde-duque de Olivares.

La conspiración estuvo estrechamente vinculada a la independencia portuguesa.

La hermana del duque, Luisa de Guzmán, estaba casada con el duque de Braganza. Tras la revolución portuguesa fue proclamada reina de Portugal junto a su esposo, convertido en Juan IV.

Esta circunstancia situó al duque de Medina Sidonia en una posición especialmente delicada. Mientras oficialmente continuaba siendo uno de los principales servidores de Felipe IV, mantenía estrechos vínculos familiares con la nueva dinastía portuguesa.

Su primo, Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga, marqués de Ayamonte, compartía estas simpatías y mantuvo contactos con Lisboa.

Según diversos testimonios contemporáneos, Juan IV veía con buenos ojos una posible insurrección andaluza que obligara a Felipe IV a dividir sus fuerzas militares, facilitando así la consolidación de la independencia portuguesa.

Tras la proclamación de Juan IV, Felipe IV ordenó al duque organizar un ejército para recuperar el Algarve y sofocar la rebelión portuguesa.

El comportamiento del duque despertó pronto las sospechas de la corte.

Aunque reunió alrededor de diez mil soldados procedentes de distintos lugares de Andalucía, la concentración de tropas se desarrolló con una lentitud difícil de justificar. Rechazó además importantes refuerzos ofrecidos por el Asistente de Sevilla y únicamente aceptó un pequeño contingente de unos trescientos hombres para vigilar la frontera.

Mientras tanto, las operaciones militares permanecían prácticamente paralizadas.

Según la acusación formulada por la Corona, el verdadero objetivo del duque no consistía en invadir Portugal, sino en promover la separación de Andalucía de la Monarquía Hispánica.

De acuerdo con esa versión, el proyecto habría contado con apoyo diplomático y militar de Portugal, Francia y las Provincias Unidas.

Algunas crónicas contemporáneas afirmaban incluso que el duque sería proclamado rey de Andalucía. Sin embargo, muchos historiadores actuales consideran que no existe una prueba documental concluyente que permita afirmar con certeza que esa proclamación estuviera realmente prevista.

Otros documentos apuntan incluso que el marqués de Ayamonte defendía un modelo político distinto, más cercano a una república aristocrática que a una monarquía independiente.

Esta disparidad explica que el verdadero alcance del proyecto siga siendo objeto de debate entre los especialistas.

Las sospechas del conde-duque de Olivares fueron aumentando con el paso de las semanas.

Finalmente, agentes reales interceptaron correspondencia entre el marqués de Ayamonte y colaboradores portugueses. Aquellas cartas precipitaron la reacción de la Corona.

El duque recibió orden inmediata de presentarse en Madrid.

Antes de partir intentó recabar apoyos entre la nobleza andaluza, pero la mayoría de los grandes señores rechazó implicarse en una empresa cuya viabilidad parecía cada vez menor.

Tampoco llegaron las prometidas escuadras francesas y holandesas.

Sin respaldo suficiente y consciente de que el plan había sido descubierto, el duque desistió de cualquier intento de rebelión.

En Madrid compareció ante el conde-duque de Olivares y trató de justificar su actuación.

Reconoció parte de los hechos, aunque atribuyó buena parte de la responsabilidad a su primo, el marqués de Ayamonte.

Éste fue detenido y también confesó determinados contactos con Portugal, aunque negó que el objetivo fuera coronar al duque como rey de Andalucía.

Finalmente fue condenado por alta traición y ejecutado públicamente en el Alcázar de Segovia en 1648.

El duque de Medina Sidonia recibió un trato mucho más benigno.

Felipe IV evitó ejecutar al jefe de una de las principales casas nobiliarias del reino, pero fue destituido como Capitán General, apartado de todos sus cargos militares, obligado a pagar una multa de 200.000 ducados y sometido durante años a una estrecha vigilancia. Aunque evitó la pena capital, perdió definitivamente la enorme influencia política que la Casa de Medina Sidonia había ejercido durante generaciones.

La denominada conspiración de Medina Sidonia continúa siendo objeto de debate.

Algunos autores consideran que existió un auténtico proyecto secesionista apoyado por Portugal y favorecido por Francia y las Provincias Unidas.

Otros sostienen que Felipe IV y el conde-duque de Olivares magnificaron los hechos para justificar la caída política del poderoso duque y reforzar la autoridad de la Corona frente a la alta nobleza.

En cualquier caso, el episodio pone de manifiesto la profunda crisis política, militar y financiera que atravesaba la Monarquía Hispánica durante la década de 1640. De haber prosperado la conspiración, Andalucía podría haber seguido una evolución semejante a la de Portugal, alterando profundamente la configuración política de la Península Ibérica.

Hoy, aquel frustrado intento constituye uno de los episodios más singulares y menos conocidos de la historia andaluza y refleja las tensiones entre la poderosa nobleza territorial y la política centralizadora impulsada por el conde-duque de Olivares durante el reinado de Felipe IV. Siledad Carrasquilla Caballero, sccc.-

Fuentes y bibliografía

Domínguez Ortiz, Antonio. Andalucía, ayer y hoy. Editorial Planeta.

Domínguez Ortiz, Antonio. La sociedad española en el siglo XVII. CSIC.

Elliott, J. H. El Conde-Duque de Olivares. El político en una época de decadencia. Crítica.

Elliott, J. H. La rebelión de los catalanes (1598-1640). Siglo XXI.

Marañón, Gregorio. El Conde-Duque de Olivares. Espasa-Calpe.

Pérez Bustamante, Ciriaco. Felipe IV. Espasa-Calpe.

Rodríguez Marín, Francisco. El proceso del duque de Medina Sidonia.

Salas Almela, Luis. Medina Sidonia. El poder de la aristocracia (1580-1670). Marcial Pons.

Salas Almela, Luis. Diversos estudios sobre la Casa de Medina Sidonia y la conspiración de 1641 publicados en Hispania y otras revistas especializadas.

Archivo General de Simancas, Secretaría de Estado, legajos relativos a la conspiración de Medina Sidonia (1641-1648).

Archivo Ducal de Medina Sidonia (Sanlúcar de Barrame

El duque de Medina Sidonia en la jornada del Algarve, anónimo, 1638. Óleo sobre lienzo. Palacio de Medina Sidonia, Sanlúcar de Barrameda.

Gaspar Alfonso Pérez de Guzmán y Sandoval, IX duque de Medina Sidonia – retrato de J. Serra

Castillo de Santiago en Sanlúcar de Barrameda construido por la Casa de Medina Sidonia en  1478