[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Córdoba y la Capital Europea de la Cultura 2016 – Cosas de Cordoba

Córdoba y la Capital Europea de la Cultura 2016

Patrimonio, política, cambio y controversia

La designación de San Sebastián como Capital Europea de la Cultura 2016 generó desde el primer momento un intenso debate político, cultural e institucional. Córdoba, considerada por numerosos especialistas como una de las candidatas más sólidas, vio frustradas unas expectativas construidas durante más de una década de trabajo.

La polémica no se centró únicamente en la elección de la ciudad vasca, sino en la percepción de que el jurado europeo había otorgado un peso significativo al contexto político que vivía el País Vasco, inmerso entonces en el proceso de desaparición de ETA, frente al extraordinario patrimonio histórico y cultural que presentaban otras candidaturas, especialmente la cordobesa.

La candidatura de Córdoba no se sustentaba únicamente en la excepcional riqueza de su pasado, sino en un ambicioso proyecto de transformación cultural que implicó a instituciones, universidades, asociaciones y miles de ciudadanos.

La ciudad contaba con argumentos difícilmente igualables: La Mezquita-Catedral, uno de los monumentos más importantes del patrimonio universal. Un Centro Histórico declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1994. La declaración como Patrimonio Mundial de la Fiesta de los Patios llegaría en 2012, aunque la candidatura ya incorporaba esta manifestación cultural como uno de sus principales valores.

Un legado histórico único como capital de la Hispania Ulterior, capital del Califato Omeya de Occidente y uno de los grandes centros intelectuales de la Europa medieval.

Una intensa programación cultural que incluía festivales internacionales de guitarra, flamenco, poesía, teatro, música y patrimonio.

La candidatura apostaba además por recuperar espacios históricos, impulsar industrias culturales y convertir a Córdoba en un gran centro de diálogo intercultural entre Europa y el Mediterráneo.

No en vano, numerosos expertos consideraban que era una de las mejores candidaturas presentadas por una ciudad española desde la creación del programa de Capital Europea de la Cultura.

Frente a la fortaleza patrimonial de Córdoba, San Sebastián presentó un proyecto con una marcada dimensión política, social y europea bajo el lema «Cultura para la convivencia».

La propuesta defendía la cultura como instrumento para favorecer: el diálogo entre ciudadanos; la memoria democrática; la convivencia entre personas con sensibilidades diferentes; la participación ciudadana; la construcción de una sociedad basada en la paz.

Extrañamente el jurado europeo valoró especialmente esa dimensión simbólica, considerando que la candidatura representaba un ejemplo de cómo la cultura podía contribuir a superar décadas de violencia y fortalecer una identidad europea asentada en la convivencia.

En este sentido, la Capital Europea de la Cultura ayudó a proyectar internacionalmente una nueva imagen del País Vasco, alejada del terrorismo y vinculada a la creación artística, la cooperación y el diálogo.

La mayoría de las opiniones coinciden en que la Capital Europea de la Cultura fue una de las causas del final de ETA, negociados con el Gobierno y Bildu

Aunque cuando San Sebastián fue elegida Capital Europea de la Cultura, ETA ya se encontraba extraordinariamente debilitada puede afirmarse que la Capitalidad contribuyó a consolidar el nuevo escenario de convivencia.

Precisamente esta circunstancia originó las principales críticas procedentes de Córdoba, que se vio como un canje entre la cultura y el terrorismo.

Numerosos responsables políticos, intelectuales y representantes del mundo de la cultura consideraron que el jurado había otorgado un peso excesivo al contexto político vasco, relegando a un segundo plano la calidad objetiva de las candidaturas.

Desde esta perspectiva, Córdoba habría competido en condiciones desiguales, que se podría decir hasta ilegales.

Mientras la ciudad andaluza presentaba un patrimonio excepcional y un sólido programa cultural, San Sebastián incorporaba un potente componente simbólico asociado al final de más de cuarenta años de terrorismo.

La entonces ministra de Cultura, Rosa Aguilar, expresó públicamente sus reservas respecto a algunos de los argumentos utilizados durante la valoración del jurado.

Por su parte, el Ayuntamiento de Córdoba solicitó explicaciones al Ministerio de Cultura y pidió revisar el procedimiento de selección, planteando dudas sobre la imparcialidad de algunos miembros del jurado.

Como consecuencia de aquellas reclamaciones, el Ministerio de Cultura revisó el procedimiento junto con las instituciones europeas competentes.

La investigación concluyó que no existían pruebas de irregularidades, favoritismos ni presiones políticas sobre el jurado.

Tampoco pudo acreditarse documentalmente que el Gobierno Vasco, el Partido Nacionalista Vasco o Bildu hubieran ejercido influencia indebida sobre la decisión.

Desde el punto de vista jurídico y administrativo, la elección fue considerada plenamente conforme a la normativa de la Unión Europea.

A pesar de ello, el debate continúa vivo entre numerosos analistas.

Para unos, San Sebastián fue elegida porque presentó el proyecto europeo más innovador, basado en la convivencia y la participación ciudadana.

Para otros, el contexto político derivado del final del terrorismo constituyó un elemento diferencial que ninguna otra ciudad podía ofrecer, circunstancia que terminó inclinando la balanza.

En cualquier caso, Córdoba dejó una importante herencia cultural. La candidatura movilizó a miles de ciudadanos, fortaleció la cooperación entre instituciones, impulsó nuevos

equipamientos culturales y reforzó la proyección internacional de la ciudad. Buena parte de las iniciativas concebidas para la Capitalidad continuaron desarrollándose en los años siguientes, consolidando a Córdoba como uno de los grandes referentes culturales del sur de Europa.

Es cierto que diversos medios de comunicación, articulistas y analistas políticos sostuvieron que la candidatura de San Sebastián fue utilizada como un símbolo del nuevo escenario político vasco tras el declive de ETA.

La elección de San Sebastián como Capital Europea de la Cultura 2016 dio lugar a un intenso debate político y mediático. Numerosos periodistas, analistas y responsables políticos interpretaron que el jurado europeo había querido respaldar, mediante un reconocimiento cultural de gran proyección internacional, el nuevo escenario político que comenzaba a abrirse en el País Vasco tras décadas de terrorismo.

Diversos medios de comunicación sostuvieron que la capitalidad tenía un importante valor simbólico y que el proyecto «Cultura para la convivencia» constituía una forma de reforzar el proceso de normalización política y social iniciado tras el progresivo debilitamiento de ETA. En este sentido, algunos comentaristas llegaron a afirmar que la elección de San Sebastián respondía a transmitir un mensaje europeo de reconciliación y paz.

Desde Córdoba surgieron numerosas críticas. Representantes institucionales, intelectuales y miembros de la candidatura consideraron que el contexto político había pesado excesivamente en la decisión del jurado y que la ciudad andaluza había competido en desigualdad de condiciones. Argumentaban que ninguna otra candidatura podía presentar un componente simbólico tan estrechamente vinculado al final del terrorismo. Soledad Carrasquilla Caballero. Sccc.-