
La figura de San Pelagio de Córdoba quedó unida para siempre a uno de los episodios más conocidos de la Córdoba del Califato omeya. Su historia nace en el contexto de las guerras entre los reinos del norte peninsular y el poder de Abderramán III, en una época en la que Córdoba era una de las ciudades más importantes de Europa.
Todo comenzó tras la batalla de Valdejunquera o campaña de Muez, librada en el año 920, donde las tropas de Abderramán III derrotaron a los reyes Ordoño II de León —a quien las crónicas llamaban “el tirano de Galicia”— y Sancho Garcés I Pamplona
Tras la derrota fueron capturados varios nobles y eclesiásticos, entre ellos los obispos Hermogio de Tuy y Dulcidio de Salamanca, conducidos como prisioneros a Córdoba.
Hermogio, obispo de Tuy, consiguió posteriormente la libertad cuando su joven sobrino Pelagio quedó como rehén en su lugar. Aquel muchacho, nacido en Albeos, en el actual municipio gallego de Crecente, hacia el año 911, pasaría a la historia como San Pelagio de Córdoba.
Pelagio había sido educado por su tío Hermogio y acompañaba a la corte leonesa cuando tuvo lugar la derrota de Valdejunquera.
Con apenas diez años llegó cautivo a Córdoba, capital del emirato entonces. Según las fuentes cristianas medievales, permaneció allí alrededor de cuatro años sin que llegara el rescate prometido por el obispo.
La tradición hagiográfica sostiene que durante su cautiverio destacó por su inteligencia, firmeza religiosa y defensa pública del cristianismo, lo que llamó la atención de la corte califal.
Las narraciones medievales cuentan que Pelagio fue presionado para convertirse al islam y renegar de cristianismo. Al negarsele rescate repetidamente, fue condenado a muerte.
El 26 de junio del año 925, con apenas catorce años, Pelagio murió en Córdoba. Según la tradición cristiana, su cuerpo fue arrojado al río Guadalquivir.
En el año 967, bajo el reinado de Ramiro III de León, sus reliquias fueron trasladadas a León, al monasterio dedicado al santo y fundado por el rey Sancho I.
Más tarde, entre 984 y 999, los restos fueron llevados a Oviedo, quedando finalmente depositados en el monasterio benedictino de San Pelayo.
Además, un hueso de uno de sus brazos se conserva desde antiguo en el monasterio de San Pelayo de Antealtares, en Santiago de Compostela.
El documento más antiguo conservado sobre San Pelagio es la “Passio Sancti Pelagii”, redactada en latín en el siglo X, pocos años después de su muerte.
La obra fue escrita por un presbítero llamado Raguel, probablemente cordobés, antes del traslado de las reliquias a León en 967, por lo que constituye un testimonio casi contemporáneo de los hechos.
La “Passio” narra: la llegada de Pelagio a Córdoba como rehén, su cautiverio en tiempos de Abderramán III, su negativa a abandonar el cristianismo, y finalmente su muerte. Se trata de la principal fuente histórica y hagiográfica sobre el santo.
Los manuscritos conservados más antiguos pertenecen a códices medievales copiados en León entre los siglos XII y XIII, aunque el texto original es claramente anterior.
De forma independiente a Raguel, la monja sajona Hroswitha de Gandersheim escribió también una obra sobre el martirio de Pelagio.
Hroswitha no conoció el texto de Raguel y probablemente recibió noticias de Córdoba a través de Jean de Vandières, embajador del emperador Otón I el Grande, que viajó a Córdoba entre 954 y 956.
Gracias a ello, la historia del joven mártir galleglo se difundió por buena parte de la Europa cristiana medieval.
La figura de San Pelagio quedó profundamente vinculada a Córdoba.
Sí existen referencias árabes e islámicas relacionadas con San Pelagio de Córdoba, son mucho más escasas y breves que las fuentes cristianas. Las principales proceden de cronistas andalusíes y del contexto político del Califato de Córdoba.
El gran cronista cordobés Ibn Hayyan constituye una de las fuentes árabes más importantes para el período de Abderramán III. Aunque no conservamos un relato extenso sobre Pelagio comparable a la Passio Sancti Pelagii, sí aparecen referencias indirectas al contexto político de la batalla de Valdejunquera, a los cautivos cristianos y a la política de rehenes practicada por el Califato.
Las crónicas árabes suelen presentar el episodio desde una óptica política y militar, no hagiográfica. Para los cronistas andalusíes, Pelagio no era un mártir, sino un rehén dentro de las relaciones diplomáticas y bélicas entre Córdoba y los reinos del norte.
Un dato importante es que las fuentes andalusíes apenas desarrollan el martirio de Pelagio porque no fue considerado un personaje relevante dentro de la corte omeya; los cronistas musulmanes daban prioridad a campañas militares, política y administración; el episodio adquirió enorme importancia sobre todo en la tradición cristiana mozárabe y leonesa.
Por ello, casi toda la construcción narrativa del martirio procede de textos cristianos latinos.
la supuesta atracción de Abderramán III hacia el joven; su negativa a convertirse al islam; y su martirio en 925.
Las fuentes árabes conservadas no confirman esos detalles hagiográficos ni el componente sexual que aparece en la tradición cristiana posterior.
Los historiadores actuales consideran que parte del relato pertenece al género hagiográfico medieval, cuyo objetivo era presentar un modelo ideal de resistencia cristiana frente al islam.
Hoy los historiadores consideran que San Pelagio es una figura situada entre: la historia real de la Córdoba califal, la memoria mozárabe, y la construcción simbólica del martirio cristiano medieval. Por eso resulta fundamental comparar: las fuentes latinas cristianas, con el relativo silencio o brevedad de las fuentes árabes.
Ese contraste permite comprender mejor cómo cristianos y musulmanes narraron de manera muy distinta un mismo episodio de la Córdoba del siglo X.
Su nombre permaneció unido a instituciones religiosas cordobesas, especialmente al histórico Seminario Conciliar de San Pelagio, fundado en 1583.
En los últimos años, la Diócesis de Córdoba ha impulsado nuevas investigaciones históricas y proyectos divulgativos sobre la figura de San Pelagio y la Córdoba del siglo X, recuperando así la memoria de uno de los personajes más simbólicos del cristianismo mozárabe cordobés.
Su festividad se celebra el 26 de junio. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Escultura de San Pelagio del seminario de Córdoba

Relicario de San Pelagio expuesto en La Parroquia del Sagrario de Córdoba

Urna funeraria de San Pelagio que se encuentra en el real monasterio de San Pelayo de las monjas Benedictinas de Oviedo

Martirio de San Pelagio de Antonio del Castillo y Saavedra. Óleo sobre lienzo, que se encuentra en la Capilla de San Pelagio de la Mezquita- Catedral de Córdoba.

Capilla de San Pelagio, fundada por el canónigo Don Lupercio González de Moriz.

Templo que el obispo Hermogio mandó construir en Crecente tras la muerte de su sobrino Pelayo, único santo mártir de la Diócesis de Tui Vigo,

Imagen del titular de la Parroquia de San Pelagio Mártir en Córdoba