[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Abul-Ala al-Maari – Cosas de Cordoba

Abul-Ala al-Maari

 Abū l-ʿAlāʾ al-Maʿarrī (أبو العلاء المعري) es una de las figuras más singulares de la literatura y del pensamiento árabe medieval. Vivió entre 973 y 1057, en la ciudad de Maʿarrat al-Nuʿmān, en la actual Siria. Fue poeta, filólogo, escritor y pensador, y llegó a ser célebre por su escepticismo, su crítica de las convenciones religiosas y su visión profundamente pesimista de la existencia. Quedó ciego siendo muy niño a consecuencia de la viruela. Viajó para estudiar a ciudades como Alepo, Trípoli y Antioquía, y a Bagdad, donde entró en contacto con los círculos intelectuales y literarios más importantes de su tiempo.

Después regresó a su ciudad natal y se retiró prácticamente del mundo. Por eso recibió el famoso sobrenombre de: Raḥīn al-maḥbasayn — el prisionero de las dos prisiones.

La ceguera y el aislamiento voluntario en su casa. Allí pasó el resto de su vida enseñando, escribiendo y recibiendo discípulos.

Su pensamiento religioso es lo más fascinante. Aquí conviene tener cuidado con llamarlo ateo. La cuestión es bastante más compleja.

Al-Maʿarrī cuestionó duramente el dogmatismo religioso, la autoridad de los teólogos y la pretensión de que una determinada tradición religiosa poseyera en exclusiva la verdad. Defendía el uso de la razón y desconfiaba de las tradiciones recibidas. Por ello fue acusado en diferentes momentos de herejía.

Pero existen también textos en los que se presenta como musulmán y rechaza las acusaciones de impiedad, lo que hace problemática la imagen moderna de un ateo medieval en sentido estricto. Su posición parece más cercana a un racionalismo escéptico y profundamente crítico de la religión institucional, aunque los especialistas han discutido mucho sobre sus verdaderas convicciones.

Su obra más famosa en prosa es la Risālat al-Ghufrān, la Epístola del perdón. Es una obra extraordinariamente original: mediante una especie de viaje imaginario por el Más Allá, al-Maʿarrī se encuentra con poetas y personajes que han muerto y dialoga con ellos sobre el pecado, el perdón, el paraíso, el infierno, la poesía y la religión. Lo hace con enorme ironía y erudición.

La obra ha llamado especialmente la atención de los estudiosos occidentales porque se ha discutido durante mucho tiempo una posible relación temática con la Divina Comedia de Dante. Hay semejanzas llamativas —un viaje al Más Allá, encuentros con personajes muertos, cuestiones teológicas y literarias.

También resulta sorprendente su relación con los animales. Rechazó comer carne durante décadas y defendió una actitud de respeto hacia los animales. Algunas fuentes antiguas señalan que llegó a pasar unos cuarenta y cinco años sin comer carne.

Su segunda gran obra poética, Luzūm mā lā yalzam, conocida como las Luzūmiyyāt, desarrolla muchas de sus reflexiones sobre la muerte, el sufrimiento, la virtud, la existencia y la fragilidad humana. Es una poesía de extraordinaria complejidad formal y de un marcado tono filosófico y pesimista.

 al-Maʿarrī es uno de los grandes ejemplos medievales de un intelectual que conocía profundamente la tradición islámica y, precisamente desde ese conocimiento, sometía las afirmaciones religiosas a la crítica de la razón.

No era un ignorante de la religión que simplemente la rechazara: había estudiado el Corán, la tradición y la lengua árabe desde dentro de la cultura islámica. Esa es precisamente una de las razones por las que su pensamiento resulta tan extraordinario.

La relación de al-Maʿarrī con Córdoba y al-Andalus es bastante más interesante de lo que parece. No consta que viajara personalmente a al-Andalus, pero su obra sí llegó a circular y ejerció una influencia apreciable entre escritores andalusíes. Un estudio específico sobre su recepción en Occidente islámico señala que varias de sus obras fueron conocidas y leídas al-Ándalus y que su prestigio llegó a tener importancia en la producción literaria del Occidente islámico.

Hay que situarlo cronológicamente. Al-Maʿarrī nació en 973 y murió en 1057. Cuando murió, el Califato de Córdoba llevaba ya más de dos décadas desaparecido, pero la tradición intelectual cordobesa seguía teniendo un enorme prestigio en los reinos de taifas.

Y aquí aparece un fenómeno fascinante: los intelectuales andalusíes viajaban hacia Oriente para adquirir libros, conocimientos y autorizaciones de transmisión, y las obras de al-Maʿarrī entraron en ese circuito.

Un estudio dedicado específicamente a la recepción de al-Maʿarrī entre los escritores andalusíes señala que sus escritos lingüísticos y literarios tuvieron una influencia importante en al-Andalus y que algunos estudiosos y poetas andalusíes viajaron hacia Oriente para conocer su obra y aprender de ella.

Aquí tenemos un vínculo particularmente interesante con Córdoba.

El gran filólogo y filósofo andalusí Ibn al-Sīd al-Baṭalyawsī nacido en Badajoz, conoció profundamente la obra de al-Maʿarrī. Las fuentes sobre su formación indican que estudió y difundió poesía de al-Maʿarrī desde joven.

Lo interesante es que Ibn al-Sīd desarrolló parte de su trayectoria intelectual en Córdoba, además de Toledo, Valencia, Zaragoza y otras ciudades. Una fuente biográfica señala expresamente sus estancias en Córdoba, Sevilla, Valencia y Zaragoza, y su relación con importantes maestros cordobeses.

Por tanto, aunque sería exagerado decir: Al-Maʿarrī estuvo en Córdoba. La obra de al-Maʿarrī llegó a los círculos intelectuales de al-Andalus y fue estudiada por autores que desarrollaron parte de su actividad en Córdoba.

Mientras en Siria vivía aquel poeta ciego que cuestionaba las certezas religiosas, en Córdoba se encontraba el gran centro intelectual de Occidente islámico. La ciudad estaba entonces en los últimos años del califato de Hišām II, y en 1009 comenzó la crisis política que conduciría a la fitna y finalmente a la desaparición del califato en 1031.

Es decir, al-Maʿarrī y la Córdoba califal pertenecen al mismo mundo intelectual islámico, aunque estuvieran geográficamente muy alejados.

Y esto tiene consecuencias importantes: después de la caída del califato, el conocimiento no desapareció. Se fragmentó entre las taifas y continuó circulando entre Córdoba, Sevilla, Toledo, Zaragoza, Badajoz, Valencia y los grandes centros orientales.

Al-Maʿarrī fue admirado precisamente por su dominio extraordinario de la lengua árabe, su poesía y su erudición, pero sus posiciones filosóficas y religiosas provocaron también polémica.

No fue simplemente un «ateo medieval». Esa etiqueta moderna simplifica demasiado su pensamiento. Fue un escéptico y crítico radical de las autoridades religiosas y de muchas convenciones sociales, pero su relación con el islam y con la religión en general es mucho más compleja. Y los intelectuales andalusíes lo sabían.

De hecho, la investigación moderna sobre su recepción en al-Andalus muestra algo muy significativo: hubo admiración literaria incluso cuando existían reservas respecto de sus ideas religiosas y filosóficas.

Esto encaja perfectamente con el ambiente intelectual de la Córdoba de los siglos XI-XII: un mundo donde podían coexistir juristas, teólogos, filólogos, filósofos, poetas y polemistas, y donde una obra podía ser estudiada por su extraordinaria calidad literaria, aunque su contenido ideológico resultara controvertido.

Hay un detalle que parece especialmente bonito. Al-Maʿarrī murió en 1057. Ibn Ḥazm de Córdoba había muerto apenas diez años antes, en 1064.

Son dos gigantes intelectuales del mismo siglo, aunque pertenecientes a tradiciones y espacios políticos diferentes. Ambos fueron extraordinariamente cultos, ambos tuvieron una relación conflictiva con las autoridades de su tiempo y ambos utilizaron la literatura y la razón para discutir cuestiones religiosas.

No hay que convertirlos en «equivalentes» —sus pensamientos son muy diferentes—, pero comparar a Ibn Ḥazm y al-Maʿarrī permite ver hasta qué punto el siglo XI islámico fue intelectualmente diverso.

Lo que sí está bien documentado es que la obra de al-Maʿarrī tuvo recepción en al-Andalus: un estudio dedicado específicamente a los escritores andalusíes señala que sus obras lingüísticas y literarias tuvieron influencia en al-Andalus y que algunos poetas y estudiosos andalusíes viajaron a Oriente para conocerlo y aprender de él.

Hay, en cambio, una conexión andalusí muy interesante: Ibn al-Sīd al-Baṭalyawsī, nacido en Badajoz, realizó un comentario de las Luzūmiyyāt de al-Maʿarrī. La tradición manuscrita andalusí de la obra de al-Maʿarrī es además especialmente importante para conocer su pensamiento, porque los textos transmitidos en al-Andalus parecen haber conservado lecturas diferentes de algunas versiones orientales.

Y hay un dato que enlaza muy bien con Córdoba: al-Maʿarrī conoció una obra andalusí. Una tradición historiográfica atribuye a Ibn Šuhayd, escritor de Córdoba de comienzos del siglo XI, una obra que habría servido de inspiración para la Risālat al-Ghufrān (Epístola del perdón) de al-Maʿarrī.

Esto es especialmente interesante porque Ibn Šuhayd murió hacia 1035, cuando al-Maʿarrī todavía vivía. La posible conexión no sería, por tanto, que al-Maʿarrī viajara a Córdoba, sino la circulación de literatura entre el Oriente islámico y al-Andalus.

Al-Maʿarrī nunca consta que visitara Córdoba, pero su obra entró en los circuitos intelectuales de al-Andalus. Incluso existe una posible relación literaria con el cordobés Ibn Šuhayd, cuya obra se ha señalado como precedente de la Epístola del perdón. Más tarde, escritores andalusíes estudiaron y comentaron directamente a al-Maʿarrī. simplemente que «al-Maʿarrī estuvo relacionado con Córdoba».

Y, por cierto, la posible influencia de Ibn Šuhayd en la Epístola del perdón merece mucho la pena estudiarla, porque nos mete de lleno en la cuestión de las relaciones literarias entre Córdoba, Oriente y, siglos después, Dante.

Algunos de los versos de  Abul-Ala al-Maari  :

Los musulmanes, equivocados; los cristianos, desviados,

Los judíos, perplejos, y los zoroastianos, extraviados;

Los hombres del mundo son de dos géneros generalizados:

El que ha intelecto sin religión y el que ha sólo fe en hados.

—–

Ha mudado tu muerte mi corazón en pájaro.

¡Y no va a reposar en nido alguno!

——

 Toda mi vida es un largo ayuno.

Cuando rompa el ayuno con la muerte,

será mi día de fiesta.

—–

Yo, que soy polvo sobre los llanos, ¿Me

atreveré a luchar con los huracanes desatados?

O, después de ser destruido por la noche,

¿Volveré a caer en los brazos de la noche?

—

La Renuncia del Sabio

No comáis injustamente el pescado que el agua ha dejado, y no

deseéis como alimento la carne de los animales sacrificados,

O la blanca leche de las madres que destinaron su puro trago para

sus jóvenes, no para las damas nobles.

Y no entristezcáis a los pájaros desprevenidos llevándoos sus huevos;

porque la injusticia es el peor de los crímenes.

Y ahorra la miel que las abejas obtienen laboriosamente

de las flores de las plantas aromáticas;

Porque no lo guardaron para que fuera de otros, ni

la recogen por generosidad ni para regalar.

Me lavé las manos de todo esto; y desearía haber percibido

mi camino antes de que mi cabello se volviera gris!

Busto Abul-Ala al-Maari, de que se encontraba en la ciudad siria de Maaret al-Noomane.

Busto de Abul-Ala al-Maari tiroteado y decapitado por miembros del Frente Al Nusra, brazo armado de Al Qaeda.

Fathi Muhammad, autor da escultura de Abul ʿAla Al-Maʿarri, fotografiado en 1944

Sello de Abul-Ala al-Maari emitido en Siria en 1934

Selo comemorativo 

Imagen de Abul-Ala al-Maari, creada por Khalil Gibran en el 1917