
Abu al-Ala al-Ma’arri nació en diciembre del año 973 en Maʿarrat al-Numán, en el emirato de Alepo, y falleció en 1057. Fue uno de los pensadores más singulares del mundo islámico medieval: poeta, filósofo y filólogo, cuya obra y pensamiento destacan por su profundidad crítica y su carácter independiente.
Quedó ciego a temprana edad a causa de la viruela, circunstancia que marcó profundamente su vida y su visión del mundo, hasta el punto de definirse a sí mismo como “doble prisionero”, de la ceguera y del aislamiento. A pesar de ello, recibió una sólida formación intelectual en ciudades como Alepo, Trípoli y Antioquía, y muy pronto comenzó a destacar como poeta, iniciando su producción literaria en la adolescencia.
Durante un tiempo residió en Bagdad, uno de los grandes centros culturales del califato abasí, donde alcanzó notable reconocimiento. Sin embargo, rechazó convertir la literatura en un medio de lucro, lo que revela su carácter austero e independiente. En torno al año 1010 regresó a su tierra natal, donde llevó una vida retirada, dedicada al estudio, la escritura y la reflexión, ganándose el respeto de su comunidad.
El pensamiento de al-Ma’arri fue profundamente crítico con las religiones organizadas, los rituales y las autoridades religiosas de su tiempo. Esta actitud le valió la fama de librepensador e incluso de “ateo”, aunque esta etiqueta resulta simplificadora. En su obra Zajr al-Nabeh defendió explícitamente su fe, y rechazando las acusaciones de herejía. Su crítica no iba dirigida tanto contra la religión en sí como contra la hipocresía, la ignorancia y la corrupción de quienes la representaban.
Su producción literaria incluye obras fundamentales como Risalat al-Ghufran, considerada por algunos estudiosos como un antecedente de la literatura de viajes al más allá, y Luzumiyat, donde desarrolla su pensamiento filosófico y moral. En ellas se aprecia un profundo escepticismo, un pesimismo existencial y una constante reflexión sobre el sufrimiento humano.
Al-Ma’arri defendió una ética radicalmente austera: llevó una vida ascética, rechazó el consumo de productos animales —lo que hoy llamaríamos una forma de vegetarianismo ético— y mostró una visión crítica de la existencia, llegando a sostener posturas antinatalistas, al considerar que nacer implicaba inevitablemente sufrir.
Aunque al-Ma’arri nunca estuvo en la península ibérica, su figura se inscribe plenamente en el gran horizonte cultural del mundo islámico medieval, del que también formaba parte al-Ándalus. En este contexto, ciudades como Córdoba —capital del califato omeya en Occidente— compartían con Alepo y Bagdad un mismo universo intelectual basado en la lengua, la transmisión del saber clásico y el debate filosófico.
Durante los siglos X y XI, Córdoba fue uno de los principales centros culturales de Europa, comparable a las grandes ciudades del Oriente islámico. En ella florecieron disciplinas como la filosofía, la medicina, la astronomía y la filología, ámbitos en los que también destacó al-Ma’arri. Este paralelismo permite establecer una conexión indirecta entre su pensamiento y el ambiente intelectual andalusí.
Autores andalusíes posteriores, como Averroes, aunque de una orientación más aristotélica y sistemática, compartieron con al-Ma’arri el interés por la razón, la crítica y la reflexión filosófica dentro del marco religioso. Asimismo, la tradición literaria árabe cultivada en al-Ándalus —poesía, prosa y ensayo— se nutrió de modelos orientales similares a los que representaba al-Ma’arri. En definitiva, aunque no exista un vínculo biográfico directo entre al-Ma’arri y Córdoba, sí puede hablarse de una profunda afinidad cultural. Ambos pertenecen a un mismo mundo intelectua, caracterizado por la circulación de ideas, libros y saberes entre Oriente y Occidente. La Córdoba califal y el entorno sirio de al-Ma’arri fueron, cada uno a su manera, focos de un pensamiento que combinaba tradición, crítica y búsqueda de conocimiento, y que dejó una huella duradera en la historia cultural del Mediterráneo. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Algunos de los versos de Abul-Ala al-Maari :
Los musulmanes, equivocados; los cristianos, desviados,
Los judíos, perplejos, y los zoroastianos, extraviados;
Los hombres del mundo son de dos géneros generalizados:
El que ha intelecto sin religión y el que ha sólo fe en hados.
—–
Ha mudado tu muerte mi corazón en pájaro.
¡Y no va a reposar en nido alguno!
——
Toda mi vida es un largo ayuno.
Cuando rompa el ayuno con la muerte,
será mi día de fiesta.
—–
Yo, que soy polvo sobre los llanos, ¿Me
atreveré a luchar con los huracanes desatados?
O, después de ser destruido por la noche,
¿Volveré a caer en los brazos de la noche?

Busto Abul-Ala al-Maari, de que se encontraba en la ciudad siria de Maaret al-Noomane.

Busto de Abul-Ala al-Maari tiroteado y decapitado por miembros del Frente Al Nusra, brazo armado de Al Qaeda.

Fathi Muhammad, autor da escultura de Abul ʿAla Al-Maʿarri, fotografiado en 1944

Sello de Abul-Ala al-Maari emitido en Siria en 1934

Selo comemorativo

Imagen de Abul-Ala al-Maari, creada por Khalil Gibran en el 1917