
Francisco Jiménez Montesinos fue una figura singular dentro del mundo popular andaluz de comienzos del siglo XX, un hombre que, desde la sencillez de su oficio de barbero, dejó una huella profunda tanto en el ámbito social como en el artístico. Conocido principalmente por ser el padre de La Niña de la Puebla, fue también el autor de la mayoría de las letras que interpretó su hija, contribuyendo decisivamente a forjar su repertorio y su identidad artística.
Barbero de profesión y aficionado al arte, Jiménez Montesinos fue además un poeta popular de gran sensibilidad, capaz de recoger en sus versos las inquietudes, luchas y sentimientos del pueblo. Su compromiso político era firme: anarquista convencido y sindicalista activo, participó intensamente en los movimientos obreros de su tiempo. Su implicación fue tal que llegó a tener un papel destacado en las huelgas generales, siendo recordado por su capacidad de movilización, hasta el punto de lograr paralizar el gremio de barberías en Madrid durante estos conflictos.
Su personalidad estaba marcada por una fuerte determinación, a veces cercana a la obstinación. Este rasgo se hizo especialmente evidente en su empeño por ofrecer a su hija, ciega desde niña, un futuro mejor. Contra todo tipo de dificultades, la llevó a Madrid para que pudiera estudiar en un colegio especializado y recibir formación musical, convencido de su talento y de las posibilidades que el arte podía abrirle. Gracias en gran parte a ese esfuerzo, La Niña de la Puebla llegaría a convertirse en una de las grandes voces del flamenco.
En el plano creativo, Francisco Jiménez Montesinos también reflejó en sus letras su compromiso ideológico. Escribió unos campanilleros dedicados a Fermín Galán y Ángel García, protagonistas de la Sublevación de Jaca, convertidos en símbolos del ideal republicano tras su fusilamiento. Estas composiciones muestran cómo el cante popular podía convertirse también en vehículo de memoria y reivindicación política.
En definitiva, Francisco Jiménez Montesinos fue un hombre de contrastes: humilde pero influyente, artista sin oficio oficial pero creador constante, militante comprometido y padre decidido. Su figura representa la unión entre cultura popular, lucha social y tradición flamenca, siendo pieza clave en la trayectoria de su hija y en la historia del cante andaluz. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Retazos de letra de un campanillero que entonaba mi madre:
«Pajarillos que estáis en el campo,
cantando al amor y a la libertad,
rogad por Ángel García Hernández
y por Fermín Galán,
que murieron por la libertad…….
Fermín si llegas al cielo
y te encuentras con mi padre,
pide por el mar que han hecho
castiguen al culpable…..»
Letras de campanilleros atribuidas a Francisco Jiménez Montesinos dedicadas a Fermín Galán y Ángel García Hernández forman parte de la tradición oral, por lo que existen varias versiones y no siempre coinciden palabra por palabra.:
“Por los campos de mi Andalucía
los campanilleros de la libertad
van luchando, gritando y cantando
los campanilleros de la libertad”.
—–
“Y en la cárcel están sin comida
anarquistas que un día
a la España esclava querían libertar.
Amnistía reclaman los parias
para sus hermanos que sufren prisión
y sus gritos se ahogan en sangre
por los opresores de la situación.
Pero un día será
en que el pueblo se lance a la lucha
y de estas mazmorras los libertará.
Anarquía sublime palabra,
la idea más hermosa de la Humanidad”
—-
Una de las letras más difundidas dice así:
“En el pueblo de Jaca
tocaron diana,
y al toque de corneta
murió España.
Galán y García
ya no viven,
que los han fusilado
porque no sirven”.
—–
“¡Ay campanilleros,
qué pena tengo!
que han muerto dos valientes
del pueblo obrero.
Padre, si miras al cielo
dile al Padre celestial,
que ampare a los inocentes
y castigue al que hace mal”.
