[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. El vito – Cosas de Cordoba

El vito

No se puede señalar un año exacto en el que empezara El vito, porque, como ocurre con muchas manifestaciones del folclore, su origen es difuso y progresivo.

En general, se considera que El vito surge como canción y baile popular en Andalucía entre finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. Es en ese periodo cuando empiezan a documentarse muchas de las danzas y coplas tradicionales que luego formarían parte del repertorio andaluz.

A mediados y finales del siglo XIX, El vito llegó a ser considerado un baile especialmente vinculado a Córdoba, no tanto por su origen —claramente andaluz y compartido con otras regiones— como por el decisivo papel que desempeñó esta ciudad en su recuperación y difusión. En Córdoba se produjo, en efecto, un auténtico renacimiento de esta danza popular, que había caído en el olvido, devolviéndola al repertorio vivo del folclore andaluz. No es casual que en muchas de sus letras tradicionales la protagonista pase a ser “una cordobesa que va a Málaga o a Sevilla a ver los toros”, reflejo de la apropiación simbólica que la ciudad hizo de este baile.

Según recoge el investigador Manuel Medina González en su obra Coplas al aire de Córdoba, fue la bailaora cordobesa Maruja Cazalla quien desempeñó un papel fundamental en este proceso. Directora de una escuela de bailes andaluces y discípula aventajada de Rita Fragero, Cazalla rescató El vito del olvido, enseñándolo y difundiéndolo entre nuevas generaciones. Gracias a su labor, Córdoba se convirtió en uno de los principales focos de conservación de esta tradición, manteniendo viva una parte esencial del patrimonio coreográfico andaluz.

El vito es un baile, canto y composición musical de carácter popular cuyo nombre parece derivar del llamado “baile de San Vito”, en alusión a su ritmo vivo, casi nervioso, y a su carácter enérgico. Musicalmente, presenta una estructura en compás de 3/8, combinando elementos muy característicos de la música andaluza: utiliza la escala menor armónica en los pasajes ascendentes y el modo frigio en los descendentes, generando la típica cadencia andaluza. Esta riqueza musical le ha permitido adaptarse a múltiples letras —tanto jocosas como serias— y a distintos contextos interpretativos.

Desde el punto de vista coreográfico, El vito destaca por su dinamismo, la alternancia de movimientos rápidos y pausados, y una expresividad que mezcla lo festivo con lo elegante. Tradicionalmente se ha interpretado como baile de pareja, aunque también admite versiones solistas, y su ejecución requiere tanto técnica como carácter, lo que explica su permanencia en escuelas de danza andaluza.

Su proyección no se limita al ámbito popular. El vito fue pronto incorporado a la música culta y escénica. La adaptación para canto y piano realizada por Fernando J. Obradors, dentro de sus Canciones Clásicas Españolas, se convirtió en una de las versiones más difundidas en el ámbito académico. También aparece en la zarzuela El tío Caniyitas (1849) de Mariano Soriano Fuertes, y fue utilizado por Pablo de Sarasate en su Danza española n.º 7, lo que demuestra su integración en el repertorio clásico y su capacidad de adaptación a distintos lenguajes musicales.

Durante la Guerra Civil Española, la melodía de El vito fue reutilizada con nuevos textos, especialmente en el ámbito republicano, donde se convirtió en canto asociado al Quinto Regimiento. Este hecho evidencia cómo una melodía popular puede adquirir nuevos significados en contextos históricos distintos, manteniendo su fuerza expresiva.

Su influencia se extendió incluso al ámbito internacional. En el siglo XX, músicos de jazz como John Coltrane, con su célebre pieza Olé, o Charlie Haden en Liberation Music Orchestra, reinterpretaron elementos melódicos inspirados en El vito, llevándolo a un lenguaje completamente distinto sin perder su esencia.

Especialmente singular resulta su incursión en el mundo cofrade. En la Córdoba de los años setenta, la melodía fue adaptada como marcha procesional y llegó a interpretarse tras la Virgen de la Esperanza. Este hecho, considerado inapropiado por las autoridades cofrades, motivó la sanción de la hermandad, pero también dejó una huella imborrable en la memoria colectiva. Décadas después, en 2014, el compositor Rafael Wals Dantas recuperó ese episodio incorporando acordes de El vito en su marcha He ahí la Esperanza, como homenaje a aquella historia.

En definitiva, El vito es mucho más que un baile tradicional: es una expresión cultural viva, capaz de adaptarse a distintos tiempos y contextos, desde el folclore popular hasta la música culta, el jazz o incluso la tradición cofrade. Su arraigo en Córdoba lo convierte en un elemento identitario de gran valor, testimonio de cómo una ciudad puede recuperar, transformar y proyectar una manifestación artística hasta convertirla en parte esencial de su patrimonio cultural. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Fotografía de la litografía de Goya, llamada el Vito, 1824 y 1825, que se encuentra en la fundación Goya en Aragón.

Maruja Cazalla