
Navegante andalusí que pudo llegar a América antes que Colón
Durante siglos, la historia del descubrimiento de América ha estado dominada por un solo nombre: Cristóbal Colón. Sin embargo, entre los pliegues menos explorados de la historia surgen otras figuras que desafían la narrativa tradicional. Una de ellas es Khashkhash ibn Saeed ibn Aswad, un navegante andalusí del siglo IX que, según antiguos cronistas, habría cruzado el Atlántico más de seis siglos antes de la expedición de Colón.
Khashkhash nació en Bishayna (la actual Pechina, Almería), en el corazón del al-Ándalus omeya. En una época en la que el conocimiento geográfico árabe se encontraba entre los más avanzados del mundo, este marino decidió emprender una travesía audaz hacia el desconocido “océano de nieblas”, como los cronistas musulmanes llamaban al Atlántico.
El historiador Abu al-Hasan Ali ibn al-Husayn al-Mas‘udi (871–957), uno de los grandes sabios del mundo islámico y autor de Los prados de oro y las minas de gemas, fue quien dejó constancia escrita de esta hazaña. Según su relato, Khashkhash zarpó de la ciudad de Walba (Huelva) en el año 889, reuniendo un grupo de jóvenes para adentrarse en el océano. Tras un largo viaje, regresó con un barco cargado de riquezas y relatos sobre una “tierra desconocida” (Arḍ Majhūlah) situada al oeste.
Al-Mas‘udi escribe: “Un habitante de Córdoba, llamado Khashkhash, reunió a un grupo de jóvenes de su ciudad y se lanzó a la aventura por el océano de nieblas. Tras mucho tiempo, regresó con un valioso botín.”
Algunos autores posteriores, basándose en la traducción inglesa del orientalista Aloys Sprenger (1841), consideraron que al-Mas‘udi relataba este viaje en un tono legendario. Sin embargo, su descripción encaja sorprendentemente con las rutas atlánticas precolombinas que otras civilizaciones —como los vikingos— explorarían siglos más tarde.
Más allá de la veracidad literal del relato, la historia de Khashkhash ibn Saeed refleja la curiosidad científica y marítima del mundo islámico medieval. En el siglo IX, los geógrafos y astrónomos andalusíes ya cartografiaban la Tierra con un grado de precisión notable, heredando saberes grecolatinos y orientales.
Las expediciones como la de Khashkhash fueron posibles gracias a este entramado de ciencia, astronomía y navegación que florecía en el Mediterráneo bajo dominio musulmán. De hecho, muchos de los mapas, instrumentos y conceptos que Colón y otros exploradores europeos emplearon siglos después tenían raíces andalusíes.
A finales del siglo XIX, un hallazgo en la costa oriental de Venezuela reavivó el interés por estas teorías. Se descubrió una gran vasija de cerámica que contenía unas 6.000 monedas antiguas, entre ellas monedas romanas del siglo IV y una notable colección de monedas islámicas del siglo VIII. El tesoro fue trasladado al Instituto Smithsonian en Washington D.C. por Berkeley Lewis, funcionario de la embajada estadounidense en Venezuela, para ser estudiado por el arqueólogo marino Mendel L. Peterson.
Aunque parte de la investigación de Peterson se perdió con el tiempo, se confirmó que muchas de las monedas eran auténticas y antiguas, lo que ha llevado a algunos estudiosos a especular con la posibilidad de un naufragio islámico o mediterráneo en costas americanas siglos antes de Colón.
La historia de Khashkhash ibn Saeed ibn Aswad no pretende borrar la gesta de Colón, sino ampliar el marco histórico del descubrimiento. Nos recuerda que el conocimiento humano no nació en un solo punto geográfico, sino que fue el resultado de un continuo intercambio entre civilizaciones.
Revisar estas crónicas invita a reconocer el papel crucial del mundo andalusí en la exploración del planeta: desde la astronomía y la geografía hasta la construcción naval y la navegación astral.
En última instancia, la figura de Khashkhash ibn Saeed simboliza algo más profundo que un viaje perdido en el tiempo: representa la valentía de mirar más allá del horizonte, la curiosidad que empuja a la humanidad a explorar lo desconocido y el eco olvidado de una Andalucía que siempre soñó con el Nuevo Mundo. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-