
El Ataifor de la Nao es un plato de cerámica con reflejos metálicos en el que se aprecia el dibujo de un barco andalusí de dos mástiles navegando a toda vela, rodeado de delfines muy propio del estrecho de Gibraltar. Esta pieza de loza vidriada en reflejos metalitos de 54 centímetros de diámetro fue encontrada, la original en la Alcazaba de Málaga y es datada en el siglo XIV
Tras el saqueo vikingo de 844, ʿAbd al-Raḥmān II fundó el Jund al-Baḥr, una flota estatal con bases en Sevilla y Pechina (Almería). Se reclutaron carpinteros, marineros y artesanos de origen sirio, egipcio y local, y se levantaron astilleros en Sevilla, Tortosa y Almería, junto con talleres de velamen, jarcia y armas.
Por primera vez en Europa desde Roma se creó una armada permanente dependiente del Estado, con jerarquía militar, financiación pública y objetivos estratégicos definidos:
Defender las costas atlánticas y mediterráneas de incursiones normandas y cristianas.
Patrullar el Estrecho de Gibraltar y mantener comunicación con el Magreb.
En 859, la flota andalusí derrotó por completo a los normandos en Almería, consolidando su prestigio como fuerza de disuasión y transporte militar.
El primer jefe documentado fue ʿAṣbag ibn ʿAbd Allāh al-Qurṭubī, citado por Ibn Ḥayyān, quien dirigió la expedición de castigo contra los vikingos. Junto a él aparece Hāshim ibn ʿAbd al-ʿAzīz, responsable de los arsenales de Sevilla y Almería.
Durante los reinados de ʿAbd al-Raḥmān III y al-Ḥakam II, la flota alcanzó su madurez institucional. Se organizaron escuadras en Almería, Tortosa, Denia, Pechina y Sevilla, bajo administración central y con registros detallados de naves, tripulaciones y materiales —una auténtica proto-burocracia naval.
Entre los almirantes y jefes documentados destacan: ʿAbd al-Raḥmān ibn Ramīḥ, activo en el Mediterráneo oriental hacia 950. Aḥmad ibn Rumaīḥ, participante en campañas en el norte de África. ʿAbd Allāh ibn Muʿāwiya, ra’īs al-baḥr de Almería, al mando de una flota de sesenta naves.
Bajo el poder efectivo de Almanzor (976–1002), la marina se subordinó al mando militar directo. Su hijo ʿAbd al-Malik al-Muẓaffar dirigió operaciones navales contra Galicia y Barcelona.
El Califato de Córdoba llegó a disponer de una marina comparable a las bizantinas y fatimíes, equipada con galeras (ḥurūq) y grandes naves de transporte (qurqur).
La marina andalusí introdujo innovaciones notables para su tiempo: Profesionalización dotaciones fijas de remeros, marineros y tropa embarcada (rijāl al-baḥr), antecedente de una infantería de marina.
Organización técnica: arsenales estatales (Dār al-Ṣināʿa), piezas estandarizadas y talleres especializados. Un sistema administrativo precursor de los arsenales europeos del siglo XIV. Patrullas regulares del Estrecho, convoyes mercantes armados y red de torres ópticas de vigilancia. Uso de rampas y pontones para desembarcos anfibios. Artillería naval temprana: mangoneles, trabucos ligeros y empleo de mezclas incendiarias comparables al “fuego griego”. Cartografía, astronomía y navegación oceánica
El impulso científico de al-Andalus también alcanzó la náutica. Los navegantes andalusíes emplearon astrolabios náuticos, brújulas magnéticas y cartas de derroteros atlánticos, herramientas perfeccionadas gracias a los trabajos de astrónomos como al-Zarqālī (Azarquiel). XI), autor de las Tablas Toledanas.
Las crónicas del siglo X mencionan expediciones hacia Canarias y Madeira (como la de ʿAlī ibn Fazlān y los “Magrurīn”, ca. 999). Estas empresas demuestran un temprano dominio del Atlántico, antecedente directo de la navegación castellana y portuguesa bajomedieval.
Entre 844 y 1248 existió en al-Andalus una cadena institucional continua de mandos navales, desde los primeros ra’īs al-baḥr omeyas hasta los almirantes almorávides y almohades. Aunque el título y la dependencia política cambiaron, la función estratégica —control del Estrecho, defensa del litoral y del Guadalquivir— permaneció ininterrumpida durante más de cuatro siglos.
Se menciona que barcos andalusíes habrían alcanzado las costas de Bretaña, Irlanda y Canarias, como parte de la difusión de teorías sobre las capacidades marítimas de al-Ándalus.
Asimismo, se afirma que un cordobés habría llegado hasta Dinamarca en una etapa temprana de la marina musulmana, dato que aparece en algunas obras modernas que recogen tradiciones o rumores históricos —por ejemplo, en Noticias de navegantes de al-Andalus (Biblioteca Trazegnies).
Del mismo modo, se cita la noticia de que un gaditano habría navegado por el Atlántico y el Índico hasta las proximidades de Filipinas, según la misma fuente mencionada.
En conjunto, estos relatos coinciden con lo que dichas obras presentan como parte de la leyenda o de las hipótesis historiográficas acerca del alcance y la navegación oceánica andalusí.
El conocimiento técnico y la infraestructura naval andalusí —atarazanas, léxico marítimo, modelos de galeras— fueron heredados por la marina castellana tras la conquista de Sevilla en 1248. De esta transferencia surgiría, con el tiempo, la Armada de Castilla y, posteriormente, la Armada Española.
La marina andalusí fue una de las instituciones más avanzadas de su tiempo. Su desarrollo técnico, administrativo y científico situó a al-Andalus entre las primeras potencias marítimas de la Edad Media. Lejos de ser un simple “puente” de saberes, fue un laboratorio de innovación naval y científica, cuyo legado resultó decisivo para la expansión marítima europea de los siglos XV y XVI. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-