[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. El Embalse de La Breña y el valle del Guadiato – Cosas de Cordoba

El Embalse de La Breña y el valle del Guadiato

El embalse de La Breña se encuentra en el término municipal de Almodóvar del Río (Córdoba), en el tramo final del río Guadiato, muy próximo a su confluencia con el río Guadalquivir. Su posición estratégica, entre la campiña y las primeras estribaciones de Sierra Morena, ha convertido históricamente este entorno en un espacio clave para el control hidráulico y territorial del valle medio del Guadalquivir.

Con una capacidad total de almacenamiento superior a los 800 hm³, el sistema de La Breña I y II es uno de los mayores complejos hidráulicos de Andalucía, sólo superado por los de Iznájar (Córdoba) y Guadalcacín (Cádiz). Además de su función reguladora, desempeña un papel esencial en el abastecimiento urbano, el riego agrícola y la generación hidroeléctrica.

La primera presa, conocida como La Breña I, fue construida entre 1931 y 1935 dentro de los planes de obras hidráulicas impulsados por el Estado durante la Segunda República, en el contexto de modernización agrícola del valle del Guadalquivir.

Sin embargo, la capacidad inicial resultó insuficiente para almacenar los caudales del Guadiato, un río de fuertes contrastes estacionales. Por ello, se proyectó décadas después una nueva infraestructura: la presa de La Breña II, cuya construcción se desarrolló entre 2002 y 2008.

La presa antigua —hoy sumergida bajo las aguas del nuevo embalse— se situaba a unos 120 metros aguas arriba de la actual. La Breña II, de planta recta y tipo gravedad, utiliza su propio peso para resistir la presión del agua. Su altura sobre cimientos (91 m) y su longitud de coronación (720 m) la convierten en una de las mayores presas de Europa de su tipología.

El cuerpo de presa está dividido en 25 bloques, que albergan cuatro niveles de galerías internas para control, drenaje y mantenimiento. En los cinco bloques centrales se localizan el aliviadero y los desagües de fondo e intermedios, esenciales para regular los caudales del Guadiato.

El sistema hidráulico está concebido para interconectarse con el Guadalquivir: mediante una estación de bombeo, las aguas excedentarias del gran río se elevan durante el invierno hasta el embalse, que luego las libera en verano para riego y abastecimiento. Esta gestión bidireccional permite equilibrar los recursos hídricos de la cuenca y optimizar la producción hidroeléctrica mediante el turbinado controlado de los caudales desembalsados.

El entorno del embalse hunde sus raíces en una larga historia de ocupación humana, ligada a la riqueza agrícola y minera del valle del Guadiato.

Desde la Edad del Hierro, el territorio formó parte de la órbita de los pueblos turdetanos. Con la romanización, quedó integrado en la provincia Baetica, y el actual Almodóvar —entonces probablemente una villa rustica o fortificación agrícola— se benefició de la cercanía de la vía Corduba-Hispalis, arteria principal entre Córdoba y Sevilla.

La explotación minera en el alto Guadiato (Belmez, Peñarroya, Espiel) ya estaba activa en época romana, siendo el río una ruta natural de comunicación y transporte de minerales hacia el Guadalquivir.

Durante al-Andalus, el entorno fue reorganizado como una coracha defensiva del wādī al-Kabīr (Guadalquivir). Almodóvar, conocida entonces como al-Mudawwar, fue un enclave fortificado dependiente de Córdoba. Su castillo, aún dominante sobre el valle, fue ampliado entre los siglos VIII y X como parte del sistema de vigilancia fluvial y agrícola de la capital omeya.

El Guadiato —de wādī ʿAṭṭāw o wādī ʿĀtū según las fuentes árabes— abastecía acequias, molinos y huertas que conformaban un cinturón agrícola fundamental para la economía cordobesa.

Durante la Edad Moderna, las fértiles vegas del Guadiato fueron progresivamente integradas en las dehesas cerealistas y olivareras del entorno. Ya en el siglo XIX, con la expansión industrial y ferroviaria, la cuenca cobró relevancia por su conexión con el cinturón minero de Sierra Morena, especialmente tras la construcción de la línea Córdoba–Belmez (1873).

La presa de La Breña I, en el siglo XX, simbolizó la entrada de la ingeniería moderna en el valle medio del Guadalquivir, dentro de los grandes proyectos de regadío y control de avenidas promovidos por la Confederación Hidrográfica.

El embalse y su entorno forman parte del Parque Natural de la Sierra de Hornachuelos, integrado en la Reserva de la Biosfera de las Dehesas de Sierra Morena. Este espacio combina valores ecológicos —encinares, alcornoques, fauna ibérica— con un rico paisaje cultural, donde confluyen la herencia romana, andalusí y contemporánea.

El castillo de Almodóvar, restaurado en el siglo XX, y las antiguas atarazanas hidráulicas del Guadiato son testimonio de una continuidad histórica en la gestión del agua y el territorio. Hoy, el embalse de La Breña representa no solo una infraestructura técnica, sino también la culminación de una tradición milenaria de ingeniería y aprovechamiento del Guadalquivir y sus afluentes.

La historia del embalse de La Breña sintetiza la evolución de la relación entre el ser humano y el agua en el valle del Guadalquivir. Desde los canales romanos y las norias andalusíes hasta la gran presa contemporánea, la cuenca del Guadiato ha sido un espacio de innovación hidráulica continua.

La Breña II, heredera de esta larga trayectoria, no sólo garantiza el abastecimiento y el riego de buena parte de la campiña cordobesa, sino que mantiene viva una tradición de ingeniería y adaptación al medio que hunde sus raíces en más de dos mil años de historia. Soledad Carrasquilla caballero. sccc.-