
Pintura de Carlos Montaño, un artista andaluz conocido por reflejar escenas tradicionales de Andalucía con un estilo expresionista y colores cálidos. Esta obra en particular muestra una escena de desayuno andaluz, posiblemente con pan, aceite y bebidas típicas, resaltando la convivencia y la identidad popular. El estilo pictórico es característico de Montaño: figuras con trazos definidos, pero no realistas, fondos desenfocados y un uso vibrante del color.
El tradicional desayuno andaluz tiene más de 2.000 años de historiaes
Su base es una pieza de pan, acompañado de aceite de oliva virgen extra, y en muchas ocasiones, tomate triturado y una pizca de sal. A veces se le añade azúcar, ajo o incluso miel. Lo que podría parecer un bocado humilde, es en realidad una expresión profunda de la cultura y la identidad del sur peninsular.
El pan con aceite de oliva es más que un desayuno en Andalucía: es una costumbre con raíces milenarias. Este exquisito manjar tiene una historia que se remonta a las antiguas civilizaciones que poblaron el sur de la Península Ibérica. El aceite de oliva y el pan han sido pilares de la dieta mediterránea desde tiempos inmemoriales.
Los fenicios y romanos ya cultivaban olivos en lo que hoy es Andalucía, perfeccionando técnicas de prensado y conservación. En la provincia romana de la Bética se producían toneladas de aceite que eran transportadas en ánforas hasta Roma, donde se consideraba un bien esencial. Tanto fue así, que en el monte Testaccio de Roma se acumularon restos de más de 25 millones de ánforas, muchas de ellas procedentes de Hispania.
El pan, por su parte, ha acompañado al ser humano desde la antigüedad. Durante el periodo andalusí, los musulmanes introdujeron nuevas variedades de pan y perfeccionaron los sistemas de riego, potenciando así la producción de trigo y de olivos. Ya entonces era habitual untar el pan con aceite, y en algunas zonas se añadían ingredientes dulces como azúcar o miel, costumbre que todavía pervive en determinadas comarcas andaluzas.
Durante siglos, el pan con aceite fue un alimento fundamental entre las clases trabajadoras andaluzas, especialmente los jornaleros del campo. El desayuno debía ser nutritivo, económico y fácil de preparar, y el aceite de oliva, disponible en la mayoría de los hogares rurales, ofrecía una fuente de energía fundamental. Se servía antes de empezar la faena o a media mañana, y bastaba con pan del día anterior, un buen chorro de aceite y un poco de sal o azúcar. Lo comían sin excentricidades, con lo que tenían a mano.
En el siglo XX, a pesar de los cambios sociales y económicos, este desayuno siguió siendo un pilar en la alimentación de los trabajadores. Proporcionaba los nutrientes necesarios para afrontar largas jornadas en los olivares, los cortijos o los campos de labranza. Además, el aceite de oliva tenía un fuerte valor simbólico y cultural, pues muchas familias andaluzas estaban directa o indirectamente vinculadas a su producción.
Con el tiempo, y gracias a la creciente valoración de la dieta mediterránea, el pan con aceite dejó de ser exclusivo de las clases populares para convertirse en un icono gastronómico andaluz. En los bares y cafeterías de toda la región, es habitual encontrarlo en múltiples variantes: con tomate, jamón ibérico, aguacate, miel o incluso queso fresco. Aun así, su esencia sigue intacta: sencillez, sabor y vínculo con la tierra.
En la actualidad, el desayuno andaluz es uno de los mejores ejemplos de la dieta mediterránea, recomendada por nutricionistas por sus beneficios para la salud cardiovascular. Su autenticidad ha traspasado fronteras y hoy es valorado en muchos países como un desayuno saludable, equilibrado y delicioso. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

