[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Rafael Caballero Alvarez – Cosas de Cordoba

Rafael Caballero Alvarez

Aun escucho el eco de aquella frase siempre repetida: «Pobrecito Rafalito»

Había nacido en Córdoba, entre nueve hermanos, en un hogar con un padre de ideales republicanos. El único de la familia que no era molinero.  Militar de profesión, en 1936 estaba destinado en el cuartel de Caballería «Lanceros de Sagunto», donde, tras la guerra, se instalaría el Regimiento de la Reina (Infantería mecanizada), conocido posteriormente como Lepanto.

No comía, no dormía, no hablaba con nadie

– Mama me voy al frente-

—Tú estás bien aquí con nosotros. Vienes todos los días a dormir y estás lejos de la guerra —le apremiaba su madre.

—Mamá, yo no mato a mis amigos. Me ha tocado mandar un pelotón de ejecución. Me marcho al frente.

En el Regimiento Acorazado de Caballería Pavía nº 4 fue su y último destino, el La Batalla del Jarama, librada entre el 6 y el 27 de febrero de 1937.  Una de las confrontaciones más sangrientas de la Guerra Civil Española. El objetivo del ejército sublevado era cortar la carretera que unía Madrid con Valencia, crucial para el abastecimiento de la capital. Las tropas republicanas, a pesar de su resistencia feroz, sufrieron enormes bajas. Los cerros, los olivares y el río Jarama fueron testigos del horror: trincheras llenas de barro, explosiones incesantes y soldados enfrentándose cuerpo a cuerpo. En este contexto caótico, su carro de Combate silencio la ametralladora el día 16 de febrero del año 1937. En la Batalla del Jarama, Con tan solo 25 años, cambió la orilla del Guadalquivir, donde había nacido, por el afluente del Tajo, donde terminó su camino en esta tierra.

-La orden era retroceder marcha atrás- se explicaba sollozando el conductor de su tanque. Cuando visito a la familia después de la guerra- y yo lo gire, en ese momento un obús le bolo la cabeza- añadió mientras -Mientras dejaba la llave del tanque sobre la mesa.

Aún se conservan las cartas que escribía a su madre: “Cuida de mi hija”, en ese escrito se rumiaba un presentimiento del final.

Fue enterrado a en el cementerio de Valdemoro cuando la mayoría de los 17.000 caídos de aquella batalla fueron quemados. Cinco años después lo trajeron a Córdoba en un ataúd de zinc con tapa de cristal envuelto en la bandera. Estaba intacto.

Aún se conservan las cartas que escribía a su madre: “Cuida de mi hija”. En esos escritos se intuía un presentimiento del final.

Años más tarde, su madre recibió una carta proponiéndole trasladar sus restos a la basílica del Valle de los Caídos. Ella se negó rotundamente:

—No quiero a mi hijo bajo ninguna cruz desorbitada, desde donde algún día podrían sacarlo y tirarlo en cualquier sitio. Su lugar es San Rafael, donde estará seguro para siempre y cerca de mí.

Cincuenta años después, al reparar el tejado bajo el cual descansaba su nicho, los encargados avisaron a la familia. Sus hermanos acudieron a verlo; continuaba incorrupto. Dicen que el desangrado evita la podredumbre del cadáver. Soledad Carrasquilla Caballero. Sccc.-

Fotografía tomada en el Cuartel de Alfonso XIII en Sevilla.

Fragmento de un escrito suyo con con su firma.

Nicho donde se encuentra sepultado en San Rafael.

Llave del tanque donde murió Rafael Caballero Álvarez.

Un Panzer como el de la fotografía fue el que murió Rafael Caballero Álvarez en la batalla del Jarama, igual al que se encuentre en El Museo de Medios Acorazados del Ejército de Tierra situado en la Base Militar de «El Goloso».
Se trata del Primer tanque que diseñan los alemanes después de la Primera Guerra Mundial y se probó en España.
El temido Panzer alemán, fue una clara evolución del tanque que se usó en la Guerra Civil Española.