[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Ermita del Mimbral – Cosas de Cordoba

Ermita del Mimbral

Ruinas del Mimbral en el lecho seco del Guadalcacin II.

El Mimbral entre la historia, la fe, la memoria, el silencio y el olvido

Bajo el cielo de Andalucía, la ermita del Mimbral emerge como un espectro atrapado entre la historia y el presente. Este antiguo templo, ahora expuesto por las menguantes aguas del embalse del Guadalcacín II, se alza como un barco encallado en el gigante seco de Cádiz. Construida entre los siglos XVI y XVII. El ermitaño Alonso Bernardo, quien allí comenzó a oficiar misas y reunir a fieles, la ermita fue durante siglos un lugar de espiritualidad, convivencia y encuentro con la naturaleza.

No se trataba únicamente de un espacio de culto, sino también de sociabilidad rural: romerías, celebraciones y reuniones comunitarias dieron vida a aquel paraje, donde la religiosidad popular se mezclaba con las “bondades de la tierra”. Durante generaciones, el Mimbral fue refugio, memoria y símbolo de arraigo para las familias de la zona y en los años de la guerra sirvió de punto de reunión previa para las personabas que huía hacia el Marrufo, buscando Málaga para escapar de la represión.

Con el paso del tiempo, la ermita fue perdiendo su función religiosa y comunitaria. A comienzos de la década de 1990, Andalucía se enfrentaba a una de sus sequías más graves, lo que precipitó la ampliación del embalse del Guadalcacín II. Entre 1991 y 1995, el agua sepultó no solo el Mimbral, sino también una parte de la historia local.

“No hubo clamor popular para proteger la ermita”, recuerda un vecino que guardó recortes de prensa de la época. La presión ciudadana fue insuficiente, y la ermita acabó convertida en una víctima más de las necesidades hidráulicas, sacrificada en aras de garantizar agua a una región sedienta.

Antes de su sumersión, el templo y su cementerio fueron desacralizados. Las imágenes religiosas se trasladaron, así como los restos humanos del camposanto —algunos datados en el siglo XIX— al nuevo cementerio de la localidad. Sin embargo, no todo salió a la superficie: bajo su suelo quedaron ocultas fosas comunes con un número indeterminado de víctimas. Sus nombres, historias y sufrimientos se desvanecieron bajo el agua y el silencio.

Los registros recopilados por el padre Alberto, párroco de la localidad, indican que al menos 54 personas fueron fusiladas durante la Guerra Civil y arrojadas en aquel lugar. Todo apunta, sin embargo, a que esta cifra podría ser solo parcial. La dificultad de acceder a archivos, la desaparición deliberada de documentos y el miedo heredado durante décadas han obstaculizado la identificación plena de las víctimas.

Los trabajos de traslado de restos en 1994 no arrojaron luz sobre las fosas comunes señaladas más tarde en el Mapa de Fosas estatal. Desde entonces, el enigma del Mimbral ha persistido: ¿quiénes reposan bajo sus ruinas? ¿cuántos fueron? ¿qué relatos quedaron definitivamente mutilados?

A pesar de los fracasos iniciales, la tecnología ofrece nuevas oportunidades. El georradar, que permite explorar el subsuelo sin necesidad de excavar, podría confirmar la localización de las fosas. Ya ocurrió en lugares como el Cortijo de El Marrufo, donde incluso un detector de metales reveló un terreno sembrado de plomo, testimonio directo de la violencia represiva.

El 21 de octubre de 2023, el Gobierno español y la Junta de Andalucía anunciaron el inicio de trabajos para localizar las fosas comunes en San José del Valle, municipio donde se encuentra el Mimbral. Aunque dichos trabajos aún no se han materializado, el descenso del nivel del embalse ha abierto una ventana excepcional: por primera vez en años, la ermita vuelve a mostrarse, vulnerable pero desafiante, como reclamando justicia para quienes fueron enterrados en secreto entre sus muros y alrededores.

Hoy, la ermita del Mimbral es un símbolo contradictorio: por un lado, patrimonio sumergido y olvidado; por otro, espacio de memoria histórica pendiente de dignificación. Entre las aguas fluctuantes del Guadalcacín II, sus ruinas recuerdan que bajo el progreso material yacen también silencios impuestos, heridas abiertas y voces acalladas.

El Mimbral no es ya un templo de culto, pero sigue siendo un lugar sagrado: no por sus imágenes ni por su altar, sino por las vidas que allí reposan esperando ser reconocidas. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Pared del muro del cementerio de la ermita del Mimbral, donde aún puede verse la señal de una lápida que se en encuentra entre los escombros. 

Los cipreses del cementerio de la ermita del Mimbral siguen inhiestos después de emerger de las aguas.  

Ruinas de la ermita del Mimbral y al fondo las del cortijo de Labaños

Restos de lapidas del cementerio del Mimbral