
Escultura de Ibn Hazm junto a las murallas del Alcázar Viejo. Obra que el escultor Amadeo Ruiz Olmos, realizara para homenajear al poeta en los l000 años del su fallecimiento.
Abū Muḥammad ʿAlī ibn Aḥmad ibn Saʿīd ibn Ḥazm nació en Córdoba en el año 994, en el seno de una familia acomodada, vinculada a la administración y la aristocracia del califato omeya. Su padre, Aḥmad ibn Saʿīd, desempeñó altos cargos en la corte de Almanzor y de sus hijos, lo que permitió a Ibn Ḥazm acceder a una formación privilegiada en los círculos cortesanos.
Su infancia y juventud transcurrieron en la Córdoba califal, que en aquel momento era una de las capitales culturales más brillantes del mundo islámico. Recibió educación en gramática, literatura, poesía, historia y, especialmente, en ciencias religiosas. Sin embargo, la fitna de al-Andalus (la guerra civil que desembocó en la disolución del califato) marcó profundamente su vida: perdió la protección política de su familia, sufrió exilios y conoció de primera mano la inestabilidad de su tiempo.
La obra de Ibn Ḥazm es inmensa: se le atribuyen más de 400 volúmenes, de los cuales apenas han llegado a nosotros unas pocas decenas. Fue un intelectual enciclopédico
Es considerado el mayor representante en al-Andalus de la escuela ẓāhirí (literalista), que defendía la aplicación estricta del Corán y la Sunna, rechazando tanto el uso del consenso (ijmāʿ) como el razonamiento analógico (qiyās). Para Ibn Ḥazm, la palabra revelada debía entenderse en su sentido literal y no admitía interpretaciones alegóricas ni deducciones especulativas. Su obra jurídica más conocida es Al-Muḥallā, donde sistematiza este pensamiento.
Escribió extensamente contra las herejías dentro del islam y también contra el judaísmo y el cristianismo. Su obra Al-Fiṣal fī al-milal wa-l-ahwāʾ wa-l-niḥal (“La distinción entre sectas, tendencias y doctrinas”) constituye una enciclopedia de religiones y herejías en la que despliega su vasto conocimiento y su estilo polémico.
Su interés por la historia lo llevó a componer tratados sobre genealogías árabes, linajes de familias andalusíes y crónicas de los califas omeyas.
Fue también un escritor refinado, capaz de cultivar tanto la poesía satírica como la lírica amorosa.
Entre todas sus obras, la más universalmente conocida es Ṭawq al-ḥamāma fī al-ulfa wa-l-ullāf (El collar de la paloma sobre el amor y los amantes), redactada en torno al año 1022. Este tratado combina anécdotas, reflexiones y ejemplos poéticos para analizar las distintas manifestaciones del amor: el flechazo, la fidelidad, los celos, la unión espiritual y el sufrimiento por la ausencia o la traición.
Lejos de ser un mero manual erótico, El collar de la paloma es una profunda reflexión sobre la naturaleza del amor humano, impregnada de sensibilidad psicológica y de una visión universal de las pasiones. Esta obra ha sido comparada con los tratados amorosos de la tradición cortesana europea, y es considerada uno de los grandes clásicos de la literatura árabe medieval.
Ibn Ḥazm fue un hombre de carácter fuerte y polémico. Su defensa intransigente del ẓāhirismo y su crítica sin concesiones a otras corrientes lo enfrentaron con juristas, ulemas y gobernantes. No dudaba en atacar con dureza a quienes consideraba equivocados, lo que le valió fama de “azote de herejías” y provocó que en más de una ocasión sus libros fueran públicamente quemados en Córdoba.
Su estilo es claro, directo y apasionado, alejado de la retórica excesiva de otros autores árabes. Esta cualidad, unida a su erudición, hace que sus escritos conserven hasta hoy una gran fuerza intelectual.
Tras una vida marcada por la inestabilidad política y el destierro, Ibn Ḥazm pasó sus últimos años retirado en la alquería familiar de Montija, cerca de Niebla (actual Huelva). Allí continuó escribiendo hasta su muerte en 1064, en relativa pobreza y aislamiento, pero dejando tras de sí un legado que trascendió las fronteras de al-Andalus.
La figura de Ibn Ḥazm representa uno de los momentos más altos del pensamiento andalusí. Su importancia radica en haber sistematizado y defendido con brillantez la escuela ẓāhirí, influyendo en el derecho islámico posterior. Su contribución a la historia de las religiones, con descripciones detalladas y comparativas de doctrinas. Su aportación literaria, con El collar de la paloma, una de las obras más bellas de la literatura árabe universal. Su ejemplo de independencia intelectual, a pesar de las persecuciones y el exilio. Hoy Ibn Ḥazm es recordado como el gran intelectual cordobés del siglo XI, un espíritu crítico, un jurista radicalmente coherente y un escritor capaz de combinar la erudición más rigurosa con la expresión más íntima de las pasiones humanas Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Fotografia de la escultura de Ibn Hazm en la Puerta de Sevilla en Córdoba que se inauguró en el año 1963 con motivo de la conmemoración del noveno centenario de su muerte. Realizada en bronce por el escultor Mateo Ruiz Olmos. Detrás de la estatua podemos ver una imponente construcción compuesta de dos torreones anexos a la antigua muralla que entre sí están unidos por dos arcos de medio punto, posiblemente se traten de los restos de un antiguo acueducto califal.

Abu l-Qaim Ibn Bashkuwal dijo:
«Cuando Al-Ándalus destacó como uno de los principales focos de poder y sabiduría, comenzó un flujo inverso de sabios que venían a oír a los maestros andalusíes. Ibn Hazm jamás salió de Al-Ándalus, y su fama traspasó todas las fronteras del mundo musulmán conocido. También muchos de los ulemas orientales vinieron atraídos por la magnanimidad de califas como Abderramán III y su hijo Al-Hakam II, que siempre demostraron un especial interés hacia los sabios cualesquiera fuese su especialidad»


Cuenta Ibn Hazm
Uno de los que han venido hace poco de Córdoba, a quien yo pedí noticias de ella, me contó cómo había visto nuestras casas de Balāt Mugīt, a la parte de poniente de la ciudad. Sus huellas se han borrado, sus vestigios han desaparecido, y apenas se sabe dónde están. La ruina lo ha trastocado todo. La prosperidad se ha cambiado en estéril desierto; la sociedad, en soledad espantosa; la belleza, en desparramados escombros; la tranquilidad, en encrucijadas aterradoras. Ahora son asilo de los lobos, juguete de los ogros, diversión de los genios y cubil de las fieras los parajes que habitaron hombres como leones y vírgenes como estatuas de marfil, que vivían entre delicias sin cuento. Su reunión ha quedado deshecha, y ellos esparcidos en mil direcciones. Aquellas salas llenas de letreros, aquellos adornados gabinetes, que brillaban como el sol y que con la sola contemplación de su hermosura ahuyentaban la tristeza, ahora -invadidos por la desolación y cubiertos de ruina- son como abiertas fauces de bestias feroces que anuncian lo caedizo que es este mundo; te hacen ver el fin que aguarda a sus moradores; te hacen saber a dónde va a parar todo lo que en él ves, y te hacen desistir de desearlo, después de haberte hecho desistir durante mucho tiempo de abandonarlo. Todo esto me ha hecho recordar los días que pasé en aquellas casas, los placeres que gocé en ellas, y los meses de mocedad que allí transcurrieron entre jóvenes vírgenes como aquellas a que se inclinan los hombres magnánimos. Me he imaginado en mi interior cómo estarán estas vírgenes debajo de tierra, o en posadas lejanas y comarcas remotas desde que las separó la mano del destierro y las dispersó el brazo de la distancia. Se ha presentado ante mis ojos la ruina de aquella alcazaba, cuya belleza y ornato conocí en tiempos, pues en ella me crie en medio de sólidas instituciones, y la soledad de aquellos patios que eran antes angostos para contener tanta gente como por ellos discurría. Me ha parecido oír en ellos el canto del búho y de la lechuza, cuando antes no se oía más que el movimiento de aquellas muchedumbres entre las cuales me crie dentro de sus muros. Antes la noche era en ellos la prolongación del día por el trasiego de sus habitantes y el ir y venir de sus inquilinos; pero ahora el día es en ellos prolongación de la noche en silencio y abandono. Mis ojos han llorado, mi corazón se ha dolorido, mis entrañas han sido lastimadas por estas piedras, mi alma ha aumentado en angustia