
Vista de la escuela Ibn Jaldún en Alcazarquevir. Fotografía de Phy Mou
El legado de al-Ándalus en Marruecos. una memoria viva entre dos orillas
El impacto de al-Ándalus permanece, incluso en pleno siglo XXI, profundamente arraigado en el tejido sociocultural marroquí. No es simplemente un recuerdo histórico, sino una herencia viva que se proyecta en el pensamiento, el arte, la religiosidad, la música, la lengua y la sensibilidad colectiva.
La memoria común que unió durante siglos a andalusíes, moriscos y sefardíes con los pueblos del Magreb se refleja aún hoy en la identidad del marroquí moderno, cuya personalidad histórica sería incomprensible sin el peso de esta huella compartida.
La diáspora andalusí —desde la caída de Sevilla en 1248, la conquista de Granada en 1492 o la expulsión definitiva de los moriscos en 1609— convirtió ciudades como Tetuán, Rabat, Fez, Salé o Tánger en refugios culturales y espirituales, donde florecieron nuevas formas artísticas, tradiciones jurídicas, familias nobles, redes comerciales y escuelas de pensamiento.
En Marruecos, aún se dice que “al-Ándalus no murió en Granada: cruzó el Estrecho”.
Un ejemplo de ese legado es el colegio marroquí Groupe Scolaire Ibn Jaldún, conocido en español como Abenjaldún, que lleva el nombre del célebre historiador y filósofo Ibn Jaldún, cuyas raíces familiares se hunden en la historia andalusí.
Tras la conquista de Sevilla por Fernando III de Castilla en 1248, la familia de Ibn Jaldún abandonó Andalucía y se estableció en Túnez, llevando consigo la cultura urbana, el árabe elegante, la ciencia jurídica y el espíritu intelectual que caracterizaban a la civilización andalusí.
No es casual que un centro educativo lleve su nombre: Ibn Jaldún es la mayor figura de la historiografía islámica medieval y uno de los padres del pensamiento sociológico, autor de la Muqaddima, donde analizó, entre otras cuestiones, la evolución de los pueblos, la decadencia de los imperios y la rotación de las civilizaciones.
El edificio escolar fue proyectado en 1925 por el arquitecto José Larrucea, en un estilo neomudéjar, recuperando formas arquitectónicas inspiradas en la tradición andalusí: arcos de herradura y lobulados, uso decorativo del ladrillo, huecos estrechos y ritmados, proporciones heredadas del arte omeya y nazarí.
En Alcazarquivir (Al-Qasr al-Kabir) es considerado una obra arquitectónica única, símbolo material de la conexión cultural entre ambas orillas del Estrecho.
El desarrollo urbanístico de Alcazarquivir y la construcción del colegio se debieron al cónsul andaluz Isidro de las Cagigas, figura destacada del andalucismo histórico y colaborador de Blas Infante en la difusión del pensamiento regionalista.
De las Cagigas defendía una idea clave, que la identidad andaluza no podía entenderse sin el legado islámico y andalusí, patrimonio compartido con el Magreb, fruto de siglos de convivencia, ciencia, comercio, poesía y mestizaje cultural.
El colegio ha sido recientemente rehabilitado por la Dirección Regional de Educación y Formación de Larache, bajo el título oficial “El histórico maestro Ibn Khaldoun Primary School en Al Qasr Al Kabir abre sus puertas en New Hill”.
La restauración ha respetado fielmente el diseño original, preservando el valor arquitectónico, histórico y simbólico de la obra.
Así, el edificio sigue siendo parte de la memoria de generaciones enteras de alumnos marroquíes, testimonio visible del diálogo cultural entre Andalucía y Marruecos, símbolo de una educación que une pasado y futuro.
El colegio no es solo un espacio para aprender, es un puente cultural. Un lugar donde nuevas generaciones podrán sentir esa doble pertenencia histórica, esa raíz compartida que nunca se ha cortado. Porque el Estrecho no es solo frontera, es una calle de agua, una avenida azul que durante siglos unió pueblos, lenguas, músicas, familias, sabios y memorias.
Allí, entre olas y campanas, entre mezquitas y guitarras, al-Ándalus sigue vivo. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-