
El Axarco, [aˈxaɾko], de plata
El axarco: la moneda viva de la memoria andalusí de La Axarquía
El axarco [aˈxaɾko] no es solo una moneda, sino un emblema de identidad, memoria y orgullo comarcal. Creada en 1988 por iniciativa del político y estudioso Antonio Gámez Burgos, esta moneda nació con una intención profundamente simbólica: unir a los pueblos de La Axarquía, una comarca que, desde tiempos antiguos, ha sido cruce de culturas, saberes y caminos.
Gámez, apasionado por la historia y las raíces andalusíes de su tierra, encontró inspiración en los tiempos de El Zagal, último rey zirí de Málaga, quien entre 1480 y 1490 habría otorgado a La Axarquía el derecho de acuñar moneda propia. Aquel gesto reflejaba la autonomía y prosperidad de la región en los últimos días del reino nazarí de Granada. Cinco siglos después, el axarco moderno quiso revivir ese espíritu de independencia y orgullo local, convirtiéndose en una moneda simbólica que homenajea la herencia histórica y cultural de Andalucía oriental.
El nombre mismo del axarco remite al término árabe «Ash-Sharqiyya», que significa «la oriental», denominación que los musulmanes andalusíes daban a esta comarca malagueña situada al este del río Guadalmedina. En ese sentido, la moneda se convierte también en un puente entre el pasado islámico y el presente andaluz, una evocación tangible de los siglos en que La Axarquía fue una tierra próspera, fértil y conectada con el Mediterráneo.
Tanto las monedas como los billetes del axarco fueron cuidadosamente diseñados para rendir tributo a uno de los hijos más ilustres de la comarca: Abū l-ʿAbbās Aḥmad ibn Muḥammad ibn Mufarraǧ al-Ashsharī, más conocido como Abén al-Beithar, el gran botánico y médico andalusí nacido en Benalmádena. Su figura aparece en el anverso de las monedas y billetes como símbolo del saber y la ciencia andalusí, mientras que en el reverso se representan motivos agrícolas —como los naranjos o los limoneros—, recordando que fue él quien introdujo el cultivo de cítricos en la comarca, marcando un antes y un después en su historia económica.
Cada pieza de axarco tiene valor no solo monetario, sino artístico y cultural. Las monedas se acuñaron en plata, y su valor varía según el peso: la de 20 gramos equivale a 20 euros, seguida por las de 10 y 4 euros (los llamados axarquillos) y una más pequeña, conocida como miajaxarquín, que vale 45 céntimos. Los billetes, por su parte, fueron concebidos como cheques al portador, respaldados en su momento por la Caja de Ahorros Provincial de Málaga —hoy integrada en Unicaja—, con denominaciones de 10, 5 y 1 axarco, además de fracciones en axarquillos.
Aunque el axarco no tiene curso legal, su aceptación simbólica es sorprendentemente amplia. En muchos pueblos de la comarca —como Vélez-Málaga, Torrox, Nerja o Benamocarra— pueden verse carteles en bares, tiendas o ferias que indican: “Aquí se aceptan axarcos”. En algunos casos, los comerciantes aceptan estas monedas como forma de apoyo al patrimonio cultural o en intercambios locales y ferias de productos artesanos.
Sin embargo, la mayoría de los axarcos terminan en manos de coleccionistas, tanto españoles como extranjeros, atraídos por la historia y la belleza de las piezas. Su rareza y su limitada emisión hacen que cada nueva acuñación sea esperada con interés, reforzando el aura de misterio y exclusividad que envuelve a esta moneda.
En ciudades como Barcelona, Valencia o Madrid, el interés por el axarco ha ido en aumento. Bancos como La Caixa y el Banco Atlántico recibieron solicitudes de compra en los años noventa, y aún hoy existen comunidades numismáticas que intercambian o subastan ejemplares de estas monedas malagueñas.
El axarco no busca reemplazar al euro, sino representar una idea: la unión de los pueblos, el orgullo por las raíces andalusíes y el valor de la historia local. Es, en cierto modo, una moneda de la memoria, que condensa en metal y papel la identidad de una tierra marcada por la luz, el mar y las montañas.
En un mundo globalizado donde las monedas tienden a homogeneizarse, el axarco destaca por su dimensión poética y cultural. Su creación fue un acto de resistencia simbólica, un recordatorio de que las comunidades pueden y deben preservar sus raíces, sus nombres y sus historias.
Hoy, más de tres décadas después de su nacimiento, el axarco sigue circulando —aunque de forma discreta— como un homenaje a la La Axarquía andalusí, a su espíritu abierto, multicultural y creativo. Cada moneda es una pequeña cápsula de tiempo, una invitación a mirar al pasado para entender el presente.
Porque, en el fondo, el axarco no solo vale por su plata: vale por lo que representa. sccc

Monedas de 2 y 5 axaquillos y 1 axarco

Billete de 19 axarcos
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