
Isidore Justin Séverin Taylor y su visión romántica de España
Isidore Justin Séverin Taylor, más conocido como el barón Taylor, nació en Bruselas en 1789 y falleció en París en 1879, a la venerable edad de noventa años. De origen francés, Taylor fue una de las figuras más polifacéticas del siglo XIX: militar, diplomático, viajero, filántropo, inspector general de Bellas Artes, comisario real de los teatros franceses y uno de los primeros defensores del patrimonio monumental en Europa.
Su primera visita a España tuvo lugar en 1823, cuando formó parte del cuerpo expedicionario de los Cien Mil Hijos de San Luis, el ejército francés enviado por la Santa Alianza para restaurar el absolutismo borbónico y sostener en el trono a Fernando VII frente al gobierno liberal establecido durante el Trienio Constitucional.
Durante aquella campaña, Taylor recorrió buena parte del país, y quedó profundamente impresionado por la riqueza monumental, el carácter del pueblo español y el contraste entre ruina y esplendor que halló en ciudades como Toledo, Sevilla, Córdoba o Granada.
Tras su regreso a Francia, Taylor se dedicó a promover un ambicioso proyecto artístico y editorial que marcaría época: los Voyages pittoresques et romantiques dans l’ancienne France, una monumental colección de volúmenes ilustrados que combinaban arte, arqueología y literatura, concebidos para dar a conocer los paisajes, monumentos y tradiciones del país.
El éxito de esta empresa lo llevó a ampliar su horizonte y a emprender un proyecto similar en la Península Ibérica.
Así nació el Voyage pittoresque en Espagne, en Portugal et sur la côte d’Afrique, de Tanger à Tétouan, obra publicada en París entre 1826 y 1862, con la colaboración de artistas y grabadores franceses como Baron, Blanchard, Dauzats o Devéria.
Los dos primeros volúmenes, dedicados a España, constituyen una de las más bellas recopilaciones de vistas románticas del siglo XIX, y contribuyeron a consolidar la imagen legendaria de la “España pintoresca y oriental” en la imaginación europea.
Taylor no solo dirigió la obra: fue también autor de numerosos dibujos y apuntes realizados del natural, plasmando escenas urbanas, monumentos, tipos populares y paisajes. En su paso por Andalucía, la región que más le fascinó, realizó algunas de las estampas más célebres del conjunto, entre ellas el dibujo titulado Ruines de l’Alcazar de Cordoue (Ruinas del Alcázar de Córdoba).
Esta estampa, grabada a partir de un dibujo original de Taylor, muestra el aspecto romántico de los restos del Alcázar andalusí cordobés, aún antes de las restauraciones posteriores del siglo XIX. La escena representa con gran sensibilidad el ambiente melancólico de las ruinas, envueltas entre vegetación y piedra, símbolo del esplendor perdido de al-Andalus.
En ella se advierte el espíritu romántico del viajero europeo, que veía en Córdoba —antigua capital del califato omeya— un lugar donde la historia, el arte y la poesía se confundían bajo la luz del mediodía andaluz.
El interés de Taylor por Córdoba y Andalucía no fue casual: en estos paisajes reconocía el ideal romántico de lo exótico, lo monumental y lo misterioso. Su obra ayudó a revalorizar el legado islámico español en una época en que muchos monumentos aún eran ignorados o amenazados por el abandono.Gracias a su mirada, ciudades como Córdoba, Sevilla o Granada comenzaron a ocupar un lugar central en el imaginario artístico europeo del siglo XIX, y sus grabados circularon por toda Europa, inspirando a pintores, viajeros y escritores.
A lo largo de su vida, el barón Taylor continuó viajando y protegiendo el patrimonio histórico. Fue uno de los primeros en promover la restauración de monumentos en Francia y la conservación de edificios medievales. Su figura, a caballo entre el arte, la diplomacia y la aventura, resume a la perfección el espíritu del romanticismo viajero que redescubrió la belleza del pasado y la diversidad cultural del mundo hispan. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-