
El poema más famoso de Fernández Grillo es el dedicado a Las ermitas de Córdoba, en ellas, esta placa conmemorativa lo recuerda
El 13 de enero de 1845 nació en Córdoba el poeta Antonio Luis Arcadio Fernández Grilo, conocido simplemente como Fernández Grilo, quien falleció en Madrid en 1906.
La primera muestra de su talento literario se reveló con una oda al mar, escrita siendo muy joven, sin haberlo contemplado jamás. Su reconocimiento comenzó en 1862, al obtener el primer premio en unos juegos florales organizados por el Círculo de la Amistad de Córdoba. Este éxito le abrió las puertas de la élite cultural cordobesa y le granjeó la amistad de influyentes mecenas, como el Barón de Fuente de Quinto y, sobre todo, el Conde de Torres Cabrera, quien costeó la edición de su primer libro, Poesías (1869). La obra conoció una segunda edición en Madrid apenas diez años después, alcanzando un extraordinario éxito.
Con apenas veinte años ingresó en la Real Academia de Córdoba, un hecho insólito que reflejaba ya su condición de maestro de las letras.
Posteriormente marchó a Madrid, donde se dedicó al periodismo como redactor en periódicos de gran relevancia: El Contemporáneo, El Tiempo, La Libertad y El Debate. Su talento como recitador y su carácter sociable le abrieron camino en los círculos más influyentes de la capital, hasta convertirse en el poeta favorito de Alfonso XII, quien le otorgó una pensión vitalicia. También mantuvo estrechas relaciones con Isabel II, que financió en 1891 la edición parisina de Ideales. Tanto Isabel II como Alfonso XII, la reina regente María Cristina y Alfonso XIII se sabían de memoria algunos de sus poemas.
Fernández Grilo era un hombre sociable, ingenioso y con gran don de gentes, lo que le facilitó moverse en los ambientes literarios y cortesanos. Como observador de la sociedad, consideraba la vida como un gran teatro en el que cada cual debía representar su papel.
En 1899, el prestigio alcanzado le valió un homenaje en vida: el Ayuntamiento de Madrid le dedicó una calle en el barrio de Universidad. En 1906 fue elegido académico de la Real Academia Española de la Lengua, pero una caída repentina le ocasionó la muerte poco antes de tomar posesión. Su discurso de ingreso, escrito en verso, lo emparentaba con la tradición de José Zorrilla, quien lo consideraba uno de los grandes poetas de su tiempo.
Su poesía es de carácter popular y social, con temas amorosos, descripciones de la naturaleza y ocasionales tintes espirituales y místicos. Entre sus composiciones más conocidas destacan Al mar, El invierno, La chimenea campesina, El Dos de mayo, El siglo XX, La monja o La Nochebuena —esta última adaptada como villancico en la popular canción canaria Lo Divino. Fue además autor de la célebre poesía dedicada a Las Ermitas de Córdoba, y dejó tras de sí una obra que, pese a su éxito en vida, aún no ha sido plenamente estudiada ni valorada. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-