[REQ_ERR: SSL] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Plaza de toros de Los Tejares – Cosas de Cordoba

Plaza de toros de Los Tejares

El 8 de septiembre de 1846 se inauguró en Córdoba la plaza de toros de Los Tejares (hoy desaparecida), quince años después del derribo de la antigua plaza de la Merced, construida en el siglo XVIII en el espacio que hoy ocupan los Jardines del Campo de la Merced. Esta primera plaza tenía 90 metros de diámetro y capacidad para 1.500 espectadores.

La nueva plaza de Los Tejares fue levantada por una sociedad creada por Joaquín Manté, siguiendo los planos del arquitecto Manuel García del Álamo y bajo la dirección de José Sánchez, quien también construyó la plaza de toros de Cabra.

Se situaba a las afueras de la ciudad, en el actual cruce de la Ronda de los Tejares con la avenida Gran Capitán. En el siglo XIX esta zona estaba repleta de alfares dedicados a la fabricación de tejas, de ahí su nombre. En su construcción se emplearon materiales procedentes del derribo de conventos como el del Espíritu Santo, San Cayetano y Capuchinos. La plaza tenía capacidad para 10.532 espectadores y un ruedo de 52 metros de diámetro. Aunque concebida como plaza circular, se le añadió un anexo rectangular.

Pronto se detectaron fallos en el diseño: a diferencia de la antigua plaza de la Merced, de menores dimensiones, pero con vomitorios que facilitaban el acceso, en Los Tejares solo se podía entrar desde el foso por una única puerta. Por ello, la plaza se sometió a numerosas reformas antes de su estreno definitivo en 1860. Ese retraso impidió que Rafael Molina “Lagartijo” pudiera torear allí en 1859. Poco después, en 1863, sufrió un grave incendio debido a que muchas de sus estructuras eran de madera, a diferencia de la sólida plaza de la Merced, construida en hormigón.

En Los Tejares se celebraban cuatro ferias taurinas anuales: la de la Salud (mayo), la de la Virgen (julio), la de la Fuente (agosto) y la de San Rafael (octubre). Además de corridas de toros, acogió bailes, conciertos, mítines políticos, actuaciones circenses y, ya en el siglo XX, representaciones teatrales. Durante el invierno, sin embargo, permanecía cerrada.

Uno de los hitos de su historia tuvo lugar el 5 de octubre de 1879, cuando Lagartijo lidió un toro de Joaquín del Val que, tras petición mayoritaria, fue indultado y regalado a Antonio Miura. Este animal, llamado Murciélago, marcó para siempre la ganadería Miura, origen de los célebres “coloraos ojo de perdiz”.

No faltaron episodios oscuros: el 27 de mayo de 1890, la Guardia Civil detuvo en la puerta de la plaza a José Cintabelde “Cintas Verdes”, quien horas antes había asesinado a cuatro personas en la finca El Jardinito para robarles y costear su entrada a una corrida en la que actuaban Lagartijo, El Espartero y Guerrita.

El coso también fue escenario de grandes eventos, como la corrida a beneficio del monumento a Manolete (21 de octubre de 1951), en la que actuaron figuras como Carlos Arruza, Julio Aparicio, Gitanillo de Triana o el sobrino de Manolete, Rafael Soria Molina “Lagartijo”. Presidió el festejo el alcalde Alfonso Cruz Conde, con Machaquito, Zurito y Álvaro Domecq como asesores.

En los años 60, durante una corrida organizada por el Club Guerrita, un tendido cedió bajo el peso del público, causando la muerte de una mujer. La última corrida en Los Tejares se celebró el 18 de abril de 1965, con El Puri, Antonio Sánchez Fuentes y José María Susoni en el cartel.

Manolete, gran figura cordobesa, toreó en este coso hasta 30 corridas en 1940 y construyó muy cerca su célebre casa, hoy reformada como restaurante.

La última corrida que se celebró en este coso se produjo el día 18 de abril de 1965 donde actuaron El Puri, Antonio Sánchez Fuentes, y José María Susoni.

Tras el cierre, la plaza no se derribó de inmediato: se mantuvo en pie el vestíbulo rectangular, donde funcionaba un bar. Este espacio se demolió finalmente en 1976 para levantar el edificio de Galerías Preciados.

La vida de la plaza de Los Tejares se extendió por unos 130 años. En ella murieron varios toreros y cerca de un millar de caballos. Fue un espacio de excesos: corridas de hasta diez toros, banderillas negras con fuegos artificiales, broncas con lanzamiento de agua y tomates desde los tendidos. La comparación con la plaza de la Merced resulta inevitable: durante la Guerra de la Independencia, allí se abatió a más de cien soldados franceses desde las gradas, y también se celebraron espectáculos insólitos, como festivales con mujeres desnudas a las que se lanzaban flores.

En la década de 1960 se proyectó la construcción de la plaza de los Califas, en honor a las grandes figuras del toreo cordobés. Con mayor altura (45 metros) y capacidad que Los Tejares, fue levantada nuevamente a las afueras de la ciudad, heredando el protagonismo taurino de Córdoba. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-