[REQ_ERR: COULDNT_RESOLVE_HOST] [KTrafficClient] Something is wrong. Enable debug mode to see the reason. Paseo de la Ribera – Cosas de Cordoba

Paseo de la Ribera

La construcción del Paseo de la Ribera: la transformación de la orilla del Guadalquivir en Córdoba

La imagen que hoy ofrece el Paseo de la Ribera es el resultado de un largo proceso de obras e intervenciones urbanísticas que se prolongó durante más de un siglo. Su construcción respondió a una doble necesidad: proteger la ciudad de las frecuentes crecidas del río Guadalquivir y adaptar Córdoba a las nuevas exigencias de comunicación y desarrollo urbano propias de los siglos XIX y XX.

Aunque ya desde época medieval existían defensas en la margen derecha del río, el origen del actual Paseo de la Ribera se encuentra en un proyecto redactado en 1791, durante el reinado de Carlos IV de España. Su ejecución comenzó en los primeros años del siglo XIX y se desarrolló de forma muy lenta, prolongándose durante décadas por la complejidad técnica de las obras y la escasez de recursos económicos.

Hasta entonces, la ciudad seguía confiando buena parte de su protección frente a las riadas a la antigua muralla califal, levantada en el siglo X durante el Califato de Córdoba. Sin embargo, aquella fortificación había perdido hacía siglos su función militar y se encontraba muy deteriorada. Aunque fue parcialmente restaurada durante el siglo XVI, las reparaciones resultaron insuficientes para contener las violentas avenidas del Guadalquivir, que periódicamente inundaban barrios enteros, destruían viviendas y afectaban a molinos, huertas y caminos.

Las crecidas del río constituían uno de los mayores problemas para Córdoba. Numerosas riadas documentadas entre los siglos XVI y XIX ocasionaron importantes daños materiales y pérdidas humanas. La ciudad necesitaba una infraestructura capaz de contener el empuje de las aguas y estabilizar la margen derecha del Guadalquivir.

El nuevo proyecto contemplaba la construcción de un sólido muro de defensa, el relleno de terrenos ganados al río y la creación de una amplia vía de circulación que acabaría convirtiéndose en el actual Paseo de la Ribera. Esta actuación modificó profundamente la fisonomía del frente fluvial de Córdoba, sustituyendo una orilla irregular, ocupada por huertas, molinos y construcciones dispersas, por una línea continua de contención.

La primera gran fase de las obras comprendió el tramo situado entre el Molino de Martos y la Cruz del Rastro, que quedó concluido en 1852. Esta intervención permitió controlar buena parte de las inundaciones que afectaban al sector oriental de la ciudad y facilitó la urbanización de la ribera.

La segunda fase, mucho más compleja, se desarrolló entre la Cruz del Rastro y el entonces denominado Puente de San Rafael, nombre con el que durante siglos fue conocido el actual Puente Romano de Córdoba por la presencia del triunfo de San Rafael situado en su centro. Este tramo no quedó finalizado hasta 1905, culminando así una de las mayores transformaciones urbanísticas de la Córdoba contemporánea.

La construcción del Paseo de la Ribera coincidió además con otra importante reforma urbana: el cambio del recorrido de la carretera general de Madrid a Cádiz. Hasta entonces, esta importante vía de comunicación atravesaba el interior de Córdoba por estrechas calles del casco histórico, generando constantes problemas de tráfico y circulación. La nueva ribera permitió desviar parte del tránsito hacia el borde del río, mejorando las comunicaciones y favoreciendo el crecimiento urbano fuera del recinto medieval.

Las obras también supusieron la desaparición de numerosos elementos históricos vinculados al Guadalquivir. Para levantar el nuevo muro de contención fue necesario modificar la línea original de la ribera, rellenar amplias zonas y eliminar antiguos embarcaderos, pequeños muelles y un molino hidráulico que habían funcionado durante siglos aprovechando la fuerza de la corriente.

Entre las pérdidas patrimoniales más significativas destaca el molino adosado al de la Albolafia, que quedó enterrado bajo los rellenos efectuados durante las obras. El célebre molino de la Albolafia, cuyo origen se remonta a época andalusí y cuya gran noria abastecía de agua al cercano Alcázar de los Reyes Cristianos, logró sobrevivir, aunque el conjunto hidráulico perdió parte de su configuración histórica.

Hacia 1912, las obras quedaron prácticamente completadas. El nuevo muro de defensa alcanzaba ya el frente del Alcázar de los Reyes Cristianos, enlazando con las antiguas murallas del Alcázar Califal y formando una línea continua de protección frente al río. Desde ese momento, la margen derecha del Guadalquivir adquirió un aspecto muy similar al que presenta en la actualidad.

La construcción del Paseo de la Ribera no solo redujo considerablemente el impacto de las inundaciones, sino que transformó definitivamente la relación de Córdoba con su río. Durante siglos, el Guadalquivir había sido un elemento esencial para la economía de la ciudad, gracias a sus molinos harineros, norias, embarcaderos y huertas, pero también una amenaza constante por sus crecidas. Con las grandes obras de los siglos XIX y comienzos del XX, el río dejó de ser una frontera difícil de controlar para convertirse en uno de los principales ejes urbanos de Córdoba, configurando el paisaje fluvial que hoy constituye uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

12 de julio de 1500: Fernando el Católico declara sin efecto las Capitulaciones de Granada

Esto era para tu madre. Me equivoque

El 12 de julio de 1500, Fernando II de Aragón regresó a Sevilla tras dirigir la campaña que logró sofocar la primera gran rebelión de la población mudéjar del antiguo Reino de Granada, iniciada a finales de 1499 en el barrio granadino del Albaicín y extendida posteriormente por las Alpujarras y otras zonas montañosas.

A su llegada a Sevilla, el monarca anunció una decisión que marcaría un antes y un después en la historia de la España que intentaba unificar: declaró que las Capitulaciones de Granada habían quedado sin efecto al haber sido quebrantadas por la insurrección.

Las Capitulaciones, firmadas el 25 de noviembre de 1491 entre los Reyes Católicos y el sultán nazarí Muhammad XII de Granada, habían garantizado a la población musulmana la conservación de su religión, sus propiedades, sus costumbres, su lengua y sus instituciones, constituyendo uno de los acuerdos de rendición más generosos de la época. Gracias a ellas, la entrega de Granada en enero de 1492 se produjo sin un asalto a la ciudad.

Sin embargo, la situación cambió radicalmente tras la política impulsada por Francisco Jiménez de Cisneros, cuyas campañas de conversiones forzosas en Granada provocaron una fuerte tensión entre la población musulmana. El levantamiento iniciado en el Albaicín se extendió rápidamente por las Alpujarras, donde los sublevados ofrecieron una dura resistencia al ejército real.

Tras varios meses de campaña, Fernando el Católico consiguió restablecer el control sobre el territorio. El rey sostuvo que la rebelión suponía la ruptura del pacto alcanzado en 1491 y, en consecuencia, declaró anuladas las garantías concedidas en las Capitulaciones. A partir de ese momento, los musulmanes del Reino de Granada tuvieron que elegir entre recibir el bautismo o abandonar los dominios de la Corona, aunque en la práctica la emigración resultó extremadamente difícil y la inmensa mayoría aceptó la conversión.

Con esta decisión desapareció jurídicamente la condición de mudéjares en el Reino de Granada y nació una nueva realidad social: la de los moriscos, musulmanes convertidos oficialmente al cristianismo, muchos de los cuales continuaron practicando en secreto su antigua fe y conservando parte de sus tradiciones.

La anulación práctica de las Capitulaciones de Granada supuso un profundo cambio en la política religiosa de los Reyes Católicos. El modelo inicial de convivencia basado en el respeto a las condiciones pactadas fue sustituido por una política de uniformidad religiosa que tendría importantes consecuencias durante todo el siglo XVI y desembocaría, décadas más tarde, en la gran rebelión de las Alpujarras (1568-1571) y, finalmente, en la expulsión definitiva de los moriscos decretada entre 1609 y 1614.

Aquel 12 de julio de 1500, el anuncio realizado por Fernando el Católico en Sevilla no solo puso fin a una campaña militar, sino que marcó el inicio de una nueva etapa en la historia del Reino de Granada y de la Monarquía Hispánica, caracterizada por el abandono de los compromisos adquiridos en 1491 y la imposición de la unidad confesional como uno de los pilares del Estado. Soledad Carrasquilla Caballero. sccc.-

Fotografía tomada desde la azotea de la casa de la Ribera numero 6, donde puede verse el ambiente de la calle en la primera mitad del siglo XX