
En 1990, Paco de Lucía publicó un disco titulado Zyryab (/www.youtube.com/watch?v=xY0gQaL_kcg) en homenaje al legendario músico de la corte de Abderramán II, apodado el «mirlo negro». Con este álbum, el maestro del flamenco reconocía la influencia de Ziryab en el desarrollo de la música en la península ibérica y su legado en la tradición andalusí.
Ziryab, nacido en Bagdad en el siglo VIII, fue discípulo del gran músico Ishaq al-Mawsili y destacó por su virtuosismo con el laúd. Su llegada a Córdoba en el siglo IX marcó un antes y un después en la cultura musical de al-Ándalus. Su genialidad no solo radicó en su ejecución y repertorio, sino en sus innovaciones técnicas y estilísticas. Introdujo cambios fundamentales en la interpretación del laúd, sustituyendo el plectro de madera tradicional por otro fabricado con uñas o el pico de un águila, lo que mejoró la sonoridad y sensibilidad del instrumento. También añadió una quinta cuerda al laúd, evolución clave en la historia de los instrumentos de cuerda pulsada y antecedente directo de la guitarra española y, posteriormente, del flamenco.
Además de sus aportes musicales, Ziryab revolucionó la enseñanza y difusión de la música en al-Ándalus. Fundó una escuela donde estableció un sistema estructurado de aprendizaje musical, algo innovador para la época. Introdujo nuevos géneros y estilos, fusionando las tradiciones orientales con las locales y sentando las bases de la música andalusí, que influiría en el flamenco siglos más tarde.
El disco Zyryab de Paco de Lucía no solo rinde homenaje a este influyente músico, sino que también representa un puente entre el pasado y el presente, demostrando cómo el flamenco es heredero de una rica tradición musical que se remonta a la Córdoba califal. Soloedad Carrasquilla Caballero. sccc.-
Fotografía de La Arqueta de Leyre, está considerada una de las joyas del de los marfiles andalusíes del califato cordobés
Se trata de un cofre con tapa piramidal troncada, realizada en marfil de elefante y plata.
Fue tallada en por el artífice Faray, en el año 1004 y destaca por su increíbles detalles y finura en la ejecución de Inscripciones y relieves de músicos tañendo el laúd y atauriques, en los cuales se representa a Dios y además se recrearon gacelas, águilas, leones, un unicornio y antílopes en lo que sería una escena de caza.
Contiene inscripciones que indican que fue un regalo a Abd al-Malik al-Muzaffar (hijo de Almanzor) jefe político y militar de al-Ándalus durante el califato de Hisam II,
La pieza posee unas medidas de 23 x 38 x 23 cm , se encuentra en el Museo de Navarra en Pamplona, aunque anteriormente perteneció al Monasterio de Leyre, a la iglesia Santa María la Real de Sangüesa y al Tesoro de la catedral de Pamplona.